Todo empieza por una venganza... Un nuevo trabajo, una nueva vida cimentada en la noche, un nuevo objetivo, la otra cara de su persona... Dinero, alcohol, drogas, sexo, hombres, stripper. Un mundo en el que nuestra potragonista estara metida solo y unicamente por una razón: Vengarse y encontrar la felicidad.















Muy Recomendada

lunes, 21 de febrero de 2011

Finalización del Sorteo de las 5000 visitas

Bueno, las participantes han sido cuatro. Y Cristina y yo hemos decidido no hacer sorteo. Me explico.
El sorteo fue hecho y estuvo abierto hasta el plazo límite que acordamos. Solo se apuntaron Iria y Cathie. El último día se apunto Carlita y Manoli. Yo le propuse a Cristina, que no es justo que si ha estado durante todo el concurso las dos primeras apuntadas y que por ser el último día, apuntarse otras dos y que de esas cuatro, dos se llevaran el premio... hacer un par de marcapáginas más y que se llevaran el premio las cuatro participantes. Estamos las dos de acuerdo, de que si hubiesen sido más participantes, hubieramos hecho el sorteo como se planificó. Pero al ser tan poquita gente... yo no lo veía justo. Así que, hemos hablado que las cuatro participantes, ganarán el premio del sorteo: Un marcapáginas de la historia. Y más adelante. Dentro de poco (Que no se cuando) Haremos otro sorteo, con otros regalos, y a ver si se apunta más gente. De momento, disfrutar de la historia y dentro de poco habrá capítulo nuevo. Que me toca a mí escribirlo!!! Un besito y gracias por prestar atención! Bea

viernes, 11 de febrero de 2011

"Vida Sin Luz" Capítulo 19: Segunda Parte

*****
Cuando terminé de hablar con Marcos mis nervios estaban a flor de piel. No sabía exactamente por qué temía tanto a Laura si de momento no me había hecho nada. Quizás era un poco paranoica, pero algo dentro de mí me decía que era peligrosa. Mi respiración seguía agitada aunque intenté calmarme. Marcos no tardaría en llegar. No se había oído ni un ruido en el salón por más que intentaba pegar la oreja a la puerta del baño. ¿Seguiría ella ahí? Seguro que sí. Pero, ¿por qué estaba todo en absoluto silencio? Solo podía escuchar los latidos de mi corazón a mil por hora.
Intenté pegar de nuevo la oreja a la puerta para ver si Laura estaba cerca. De repente escuché unos pasos que se acercaban y se alejaban al mismo tiempo. Y entonces hablo y supuse que hablaba por teléfono:
-          Estoy en su casa/……/ Sí, lo sé. Hago lo que puedo. De momento está escarmentada/…../ (Risa malévola) No te preocupes, entre los dos será nuestra/……./ Hasta la noche cariño.
Y colgó. No podía creerme lo que acababa de oír. Intentaba encajar las piezas del puzle lo más deprisa posible. ¿Con quién habría hablado? ¿Escarmentada? ¿Cariño?
No podía pensar en esos momentos. Mis nervios aumentaban y mis ganas de que Marcos llegara eran más grandes aun.
Seguía escuchando los pasos pero cada vez más cerca y ahora no se alejaban, al contrario, se acercaban al cuarto de baño donde yo estaba encerrada.
-          Vamos Michelle, abre la puerta. No te voy a hacer daño, solo quiero hablar contigo.
Yo no pronunciaba palabra, estaba asustada y pensé que sería mejor no hablar.
-          Pobre de mí hermano. Que chica más desobediente tiene como novia ¿eh? Vamos, ábreme por las buenas…- decía en tono amenazante.
-          No. No te abriré. Déjame tranquila y vete- mascullé muerta de miedo.
-          No, no, no Michelle. Las normas las pongo yo, querida. Ya veo que no tienes intención de abrir. Muy bien, tú lo has querido.
De repente el silencio invadió el cuarto y seguidamente un pequeño ruido de encaje sonó en la puerta. Ya fue demasiado tarde cuando me percaté que estaba intentando abrirla. Y lo consiguió. No sé como, pero lo consiguió.
Allí estaba ella, ahora dentro del baño conmigo. Cerró la puerta con su risa malévola acercándose lentamente con su mirada clavada en mí. Conforme avanzaba, yo retrocedía paso a paso, hasta llegar a un punto en el que me quedé en un rincón del baño.
-          Veo que eres muy rebelde ¿no? Claro, con mi hermano siempre puedes salirte con la tuya, pero conmigo, estas muy equivocada; nena.
Sus palabras me atemorizaban más, a la misma vez, que cogía más asco a aquella persona. Dichosa Laura. En qué mal momento tenía que haberla traído Marcos. Yo seguía en silencio, mirándola de arriba abajo. Sentía que me costaba respirar cada vez más y me temía lo peor.
-          Eres una maldita zorra y te juro que pagarás por todo el daño que has causado. Mi hermano no le conviene estar con chicas como tú. Pero tú tranquila. Como yo le quiero mucho, ya me encargaré de que desaparezcas de su vida, niñata. ¿Lo has entendido?
-          ¡Laura! Él me quiere y yo a él…- dije sin saber que añadir.
-          ¡Oh, si claro! que tierno. No Michelle, te equivocas. La diferencia es que él te quiere demasiado y de corazón. Tú solo le quieres en la cama, bonita.
-          ¡Cállate! Tu sí que eres una puta- la grite fuera de mis cabales.
-          ¿Cómo has dicho?- dijo Laura acercándose a mí mientras que sacaba un cuchillo de su bolsillo- Venga valiente, repite lo que me has dicho. ¿O es que ahora no te atreves?
-          Pu… puta tu- repliqué asustada y tartamudeando.
-          ¿Con que esas, no? No sabes con quien te estas metiendo Michelle. No lo sabes.
De repente sentí el filo del cuchillo rozando mi cuello sutilmente. Al principio suave, sin dolor. Laura me miraba a los ojos con una mirada amenazante y que mataba. Bajaba la vista al cuchillo que empuñaba rozándome el cuello. Me volvía a mirar con risa malévola.
El corazón me palpitaba más deprisa de lo normal. Sentía que se me iba a salir del pecho. Estaba aterrada. Estaba segura que sería capaz de matarme. ¿Por qué no llegaba Marcos? Deseaba terminar ese infierno. Pero esto no eran las películas y en ese momento sentí como el cuchillo se clavaba más fuerte y profundo en mí yugular. Ahora sentía dolor, debilidad. Notaba como la sangre resbalaba lentamente por mi cuello.
-          Tranquila. Soy mala, pero yo no te mataré. Se lo dejaré a otra persona. Simplemente conmigo sufrirás. Te lo juro.
Cuando el cuchillo iba en dirección a mi abdomen de repente la puerta del baño se abrió. Pensé que Laura la había cerrado, pero no. Y allí estaba Marcos con la boca abierta y asustado al encontrar a su hermana empuñando un cuchillo y a mi sangrando.
 Durante unos segundos no podía ni hablar. Pero cuando reaccionó, su expresión era de verdadero enfado. Suspiré tranquila, pues al fin estaba a salvo. Aunque se me fue la idea cuando pensé que Laura aun podía inventar cualquier excusa para lavarse las manos. Pero Marcos no la dejo abrir la boca.
-          ¿Qué está pasando aquí Laura? ¿Qué cojones haces con ese cuchillo en la mano?- vociferó a la vez que observaba mi herida, que poco a poco perdía más sangre.
-          ¡Hermanito! Yo… bueno, no ha pasado nada, simplemente…- pero no pudo seguir.
-          No quiero oír ni una palabra más. Fuera de esta casa ahora mismo.
-          Pero yo…
-          ¡He dicho que fuera!- gritó tan fuerte que hasta los vecinos pudieron enterarse.
-          Está bien.
Y con la cabeza cabizbaja cruzó el umbral de la puerta, pero antes de eso:
-          No quiero volver a verte en la vida. Desaparece. No quiero en mi familia a una asesina. ¡Fuera!
La expresión de lamento y tristeza de Laura era totalmente falsa. Se dirigió a la entrada de la casa y se marchó dando un gran portazo.
No tenía fuerzas, no tenía aire. Los ojos se me cerraban lentamente y mis piernas no eran capaces de sujetar mi delgado cuerpo. Poco a poco fui cayendo al suelo desmayada por la pérdida de sangre. Marcos se acercó corriendo a mí y evitó mi caída.
-          ¡Michelle, cariño! Abre los ojos por favor- exclamaba preocupado.
Enseguida noté una ligera presión en el cuello. Marcos me taponaba la hemorragia.
-          No te vayas Michelle, te necesito. Aguanta- suplicaba con lágrimas en los ojos.
Estaba inconsciente, pero me percaté de que Marcos me había cogido en volandas y me llevaba corriendo al hospital.
Cogió las llaves de casa y del coche. Y conmigo en volandas salió inmediatamente a la calle. Me depositó en la parte trasera del vehículo con delicadeza, y una vez subido él al coche, arrancó y aceleró lo más deprisa que pudo a una velocidad que no estaba permitida.
En pocos minutos parece ser que estábamos en el hospital. En seguida los médicos me atendieron en el box 1.
Marcos, mientras tanto, daba vueltas por el pasillo del hospital; de allá para acá. Intranquilo, preocupado, pensativo y con sus ojos vidriosos.
-          Como le pase algo no me lo perdonaré en la vida. Mi hermana se las tendrá que ver conmigo. Ahora no puedo confiar en nadie. Lo mejor es llevarme a Michelle lejos de aquí, fuera de cualquier peligro- pensaba para sí mismo.
Al cabo de un rato salió el médico del box buscando a Marcos con la mirada.
-          ¿Familiares de Michelle Iglesias Jiménez?
-          Sí, soy su novio- dijo Marcos acercándose al doctor-. ¿Cómo se encuentra?
-          Ha perdido mucha sangre la verdad, pero…- dijo mirando el informe.
-          ¿Sí?
-          De momento está estable, aunque necesita un poco de reposo. Su novia es propensa a los ataques de ansiedad y por lo que hemos visto en las pruebas, lleva varios días sufriéndolos. Le aconsejaría como doctor que la cuidara para evitar que sufra sobresaltos. Es algo delicada para estas cosas.
-          Muchas gracias doctor. No dude en que lo haré. ¿Puedo pasar a verla?
-          Enseguida la subiremos a planta y allí podrá verla. Yo mismo le avisaré.

martes, 1 de febrero de 2011

"Vida sin luz" Capitulo 19: Primera parte

No me podía creer que ella estuviese allí. Hacía semanas que no la veía, concretamente desde que deje de trabajar.
- ¿Laura? ¿Qué haces tú aquí?- pregunté aun atónita.
Laura era la hermana pequeña de Marcos. Trabajaba conmigo en la recepción aunque no siempre estábamos las dos juntas. Sinceramente no era una persona que me cayera muy bien. Ella era una chica pelirroja, de ojos grises y cuerpo demasiado delgado diría yo. Aparentaba ser amable y simpática delante de todos, pero yo estaba convencida que en realidad ella no era así, sino todo lo contrario.


Laura

Intenté pedirle explicaciones a Marcos.
- Marcos, ¿por qué está aquí?
- La he mandado yo que venga. Ella te cuidará mientras yo voy a por los papeles a la oficina. No te pienso dejar sola. Además con ella estás segura, ¿verdad que sí Laura?
- Claro que si hermanito, no te preocupes nos lo pasaremos genial hasta que vuelvas.
No daba crédito a lo que oía. ¿Yo con esa víbora en mi casa? No me quedaba otra que aceptar a regañadientes su presencia. Mientras tanto Laura me miraba con cara de pocos amigos y con una sonrisa tan falsa como la de una muñeca. Le devolví la sonrisa sin ganas y me acerqué al oído de Marcos.
- Por favor no tardes mucho, tengo ganas de ti- le susurré para no decirle que no quería estar con su hermana, pues si no se enfadaría.
- No te preocupes preciosa, estaré aquí cuando menos te lo esperes- me dijo dándome un casto beso en los labios antes de irse.
Laura nos observaba con mirada fría y envidiosa. Por lo que sabía de ella, no tenía novio. La verdad que no me extrañaría. Una mujer como ella sería difícil de aguantar. Marcos se dispuso a salir no sin antes despedirse de las dos dándonos un beso en la frente a ambas.
- Me voy princesitas, vengo en unos minutos. Cuídamela bien Laura, la quiero mucho- le dijo mientras me miraba directamente a los ojos.
- Tranquilo hermanito, está en buenas manos.
¿En buenas manos? ¿Bromea? Solo esperaba que Marcos tardara lo menos posible y me salvará de aquel infierno junto a su hermana.
Marcos salió por la puerta despidiéndose con la mano. Una vez estuvimos solas, se produjo un silencio incomodo con miradas que mataban, sobre todo la suya. Pero al fin ella habló:
- Bueno bueno Michelle. Por fin te veo de nuevo. No sabes lo que se te echa de menos en recepción. Sobre todo yo.
Si, sobre todo ella. ¡Con lo que me odia!- pensé.
- Bueno seguro que tu lo diriges mejor que yo.
- No me queda otra. Después de que mi dulce hermanito te concediera esas vacaciones de lujo me ha tocado a mi hacer todo tu trabajo- me soltó indirectamente con los ojos clavados en los míos.
No podía creer lo que me estaba diciendo. ¡Pero será zorra! Intenté calmarme y ocultar mi furia. No quería empezar con mal pie por mucho asco que la tuviera.
- Bueno Laura, lo siento, pero tu hermano Marcos me las concedió por una buena razón.
- ¿Por ser su novia le llamas tu buena razón?- me preguntó con las cejas levantadas y un ligero movimiento de cabeza.
- ¿Cómo has dicho?
- Me has oído perfectamente Michelle. Sé que te estás aprovechando de mi hermano. Claro ahora como le tienes enamoradito conseguirás todo lo que quieras ¿no?
- No sé de qué me hablas Laura pero yo no soy así. Amo a tu hermano y jamás me aprovecharía de su bondad.
- Ohh claro- dijo acercándose a mí que aun seguía detrás de la puerta- eso es lo que todos piensan de ti no Michelle. La dulce y bondadosa Michelle- decía mientras daba vueltas a mi alrededor contemplándome- Me temo que mi hermanito está muy equivocado contigo, pero no te preocupes. Como su hermana que soy le protegeré de tus zarpas putita.
Aquella palabra “putita” me resultaba familiar. ¡Claro! Los mensajes, mi agresor. Aquel hombre encapuchado que intentó violarme hace poco en la cocina. ¿Pero por qué ella también me llamaba así? ¿Casualidad? ¿Simple coincidencia? No lo sabía, pero tendría que terminar comprobándolo. Aun no habían pasado ni cinco minutos desde la salida de Marcos y a mí se me habían hecho eternos. Pasaba de contestar a Laura, pensé que lo mejor era a palabras necias oído sordo y así hice. Me senté en el sofá ignorándola por completo y con el semblante tranquilo. Cogí el mando y me dispuse a encender la televisión cuando una mano me paró:
- ¿Pero tú quien te crees que eres para ignorarme? Mira zorra debes saber que a mí nadie me ignora y quiero que te quede claro lo que te dicho ¿entendido?- me dijo apretándome cada vez más la muñeca hasta tal punto que me hacía daño.
- Suéltame me haces daño.
- No me da la gana. ¿Y si no lo hago qué?
- Por favor he dicho que me sueltes me haces daño- intenté decirle por las buenas.
- Oh, pobrecita, la hago daño. ¿Asi mejor?- dijo vacilando y apretándome mucho más fuerte.
No sentía la mano. La sangre no circulaba bien por la presión que su mano ejercía en mi muñeca. Empecé a cabrearme seriamente, hasta un punto que dejé sacar mi genio de una única forma. Le propiné con la otra mano que tenía libre un tortazo en la cara, dejándola atontada y pudiéndome zafarme de sus garras.
- Maldita zorra- pensé.
Rápidamente actué. Cogí el móvil dirigiéndome al baño para encerrarme y que Laura no lograra arrebatármelo.
Marqué rápidamente el móvil de Marcos para avisarle. Sabía que no se creería el comportamiento de su hermana. Pero no me sentía segura y ahora mi respiración volvía a ser demasiado agitada. Además tenía un mal presentimiento cuando Laura estaba cerca de mí.
A los dos toques Marcos descolgó el teléfono.
- Hola cariño.
- ¡Marcos! Ven enseguida por favor.
- ¿Cómo? ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
- Si, tranquilo, estoy bien pero por favor no te demores- dije entrecortadamente a causa de mi respiración- Empieza a faltarme el aire de nuevo.
- No te preocupes y cálmate. Respira hondo. En seguida voy para ya, no te muevas. Te quiero.
- Adiós Marcos.
(Marcos)
Dejé a Michelle con mi hermana en casa. Estaba seguro que así al menos estaría a salvo y mi hermana la protegería. Aun así no quería demorarme mucho con esos papeles. Michelle no se esperaba la visita de mi hermana Laura y menos que ella estuviera en su casa. Pensé que a lo mejor le habría sentado algo mal que la hubiera llamado sin avisar ya que era su casa, pero no tenía otra elección. No podía dejarla sola después de todo lo que había pasado. Recordaba aquel hombre intentando llevarse a mi preciosa chica encima de mis narices y me enfurecía conmigo mismo por no haber hecho nada antes. Pero al menos ya habíamos puesto la denuncia y estaba seguro que no iba a volver a desproteger a mi princesa.
Salí con el coche dirección a la oficina del hotel, después de despedirme de Michelle y decirla que no tardaría. Mientras conducía no paraba de preguntarme qué pasaría con todo el asunto del hombre encapuchado. Recordé las vacaciones programadas para dentro de una semana. No iba a decirle nada a Michelle pues quería que fuera una sorpresa especial. Pero de repente me vino una pregunta a la cabeza. ¿Y si ese hombre es capaz de seguirnos hasta la playa? ¿Y si arruina nuestras vacaciones? No estaba dispuesto a eso, haría lo que fuera porque eso no sucediera.
Llegué al hotel y sin demorarme ni un segundo subí al despacho a coger los papeles. No quería tardar mucho aunque sabía que Michelle estaba en buenas manos. Mientras buscaba los papeles, me sonó el teléfono. Era ella. Enseguida me alarmé cuando me dijo que fuera en seguida. Pero por más que la pregunte no logré sacarle que había pasado. Empecé a notar su respiración agitada aunque ella me lo dijo. La pedí que se calmara y respirara hondo. Sin pensarlo ni un segundo salí disparado del despacho con los papeles en la mano y corrí hacia el coche para volver a casa de mi novia. ¿Qué la pasaría? Pero si Laura estaba con ella ¿Qué podía haber pasado? Llegué al coche, monté y aceleré todo lo que pude. No iba a permitirme llegar tarde para salvarla esta vez.