Todo empieza por una venganza... Un nuevo trabajo, una nueva vida cimentada en la noche, un nuevo objetivo, la otra cara de su persona... Dinero, alcohol, drogas, sexo, hombres, stripper. Un mundo en el que nuestra potragonista estara metida solo y unicamente por una razón: Vengarse y encontrar la felicidad.















Muy Recomendada

martes, 26 de octubre de 2010

"Vida Sin Luz" Capitulo 11: Segunda parte

Me desperté con el sonido de mi móvil una vez más, un mensaje. Me había quedado dormida en el sofá con el teléfono en la mano aun y con su último recuerdo en mi mente. Pero lo más extraño era que a pesar de que solo me había quedado dormida dos horas, también él estuvo a mi lado, en un magnifico sueño. Me incorporé con una sonrisa en la cara decidida a coger el móvil. Eran las nueve y media de la noche y aun no había cenado. ¿De quién sería el sms? ¿Marcos? Si por favor, le echaba de menos… Cogí el móvil y abrí el mensaje. Mi sorpresa fue cuando vi que era de un número oculto, pero cuando leí…
“Ten cuidado con lo que haces zorra, te estoy vigilando”
¿¡Cómo!? ¿¡Qué?! ¿Quién sería, quien se atrevía a llamarme zorra? Esto era el colmo.
-        ¿Te estoy vigilando?... Mmmm…  ¿Quién me puede estar vigilando, que quiere?- me repetía a mí misma.
Releí el sms de nuevo, empecé a sentir miedo, me puse como loca a mirar de arriba abajo todo el salón en busca de algo así como una cámara oculta de estas de las películas. Mientras no paraba de repetirme en mi cabeza “¿Quién será Michelle? Piensa, tranquila no puede hacerte nada…”
Tenía miedo, empezaba a sentir escalofríos por todo mi cuerpo. Si era una persona podía hacerme lo que fuera. ¿Y si me secuestran? O peor aún, ¿me violan? O no, o peor aun más ¿y si me matan? La histeria se apoderaba de mí, la impotencia y el miedo me jugaban malas pasadas y una lágrima empezaba a resbalar por mi mejilla. Andaba inquieta por el salón sin saber qué hacer. Pensé en Marcos. Estaba claro que él no podía ser. ¿O tal vez si? No, no podía estar engañándome de esa forma. Así que enseguida me quité esa idea de la cabeza sacudiéndola de un lado para otro.
Esa noche no podría dormir sola, el miedo era cada vez más grande. Necesitaba a alguien a mi lado. Primero pensé en Soraya, pero luego me di cuenta que no era cuestión de molestarla y mandarla a dormir conmigo por esa tontería ya que querría dormir con su novio seguramente al ser viernes. Entonces me vino Marcos a la cabeza. Sí, llamaré a Marcos y le contaré lo que ha pasado. Seguro que si le pido que se venga no me dejará sola.
Así que decidida y con las manos temblorosas a causa del miedo cogí el móvil de mi bolso y busque su número en la agenda. “Marcos” marcar, “Marcos llamando” Piiii…. Pii…. Piii… Por fin al tercer toque me lo cogió, esos segundos se me hicieron eternos.
-        Hola cariño, ¿Cómo estas?
-        Marcos… yo... ten.. tengo… que…- las palabras se me trababan, no conseguía articular bien, las lágrimas se amontonaban en mis ojos, las piernas me temblaban, pero no podía sentarme. Estaba hiperactiva.
-        ¿Michelle? ¿Ocurre algo? ¿Estas bien?- me preguntó alterado.
-        Por favor, te necesito… ten… tengo miedo- terminé de decir con la voz temblorosa y sollozando.
-        Pero ¿Qué ha pasado cielo? Cálmate y cuéntame.
-        Yo.. no .. no pue… Pi pi pi pi…- el sonido de finalización de la llamada alteró a Marcos.
-        ¿Michelle? ¡Michelle!- decía Marcos al otro lado hablando solo mientras escuchaba el fin de llamada.
Intenté explicárselo a Marcos cuando me preguntó que le contara que pasaba, pero un nudo en la garganta me impedía hablar, mis piernas temblaban con más brusquedad y empezaba a marearme y a no ver bien. Caí redonda al suelo al igual que el móvil que se rompió en mil pedazos. No recuerdo cuanto tiempo estuve inconsciente, solo sé que cuando abrí los ojos, pude contemplar una gran belleza a mi lado. Marcos estaba ahí.
………………………………………………………………
(Marcos)
Estaba en casa viendo la tele, o más bien con la tele encendida porque no veía nada en particular. Seguía pensando como planear mis vacaciones sorpresa de Semana Santa con mi querida Michelle. De repente sonó el móvil. ¿Quién sería? Miré la pantalla. Es Michelle, que dulce, se acuerda de mí. Respondí. La saludé dulcemente, pensé que me echaba de menos o se acordaba de mí y querría hablar un rato. Pero cuando oí su voz empecé a preocuparme. Sus palabras eran tartamudeantes, su voz temblaba, se notaba que tenía miedo, estaba aterrada. Algo estaba ocurriendo y quise preguntarle antes de perder los nervios.
Cuando le pregunté me dijo que tenía miedo con las mismas palabras, no lograba articular bien ni acabar las frases. Decía que me necesitaba. ¿Pero qué narices ocurría? Intente calmarla y que me contará para saber donde estaba si en casa o en cualquier otro lado.
Pero mi sorpresa fue su respuesta:
-        Yo… no… no pue… Pi pi pi pi…- se había colgado y antes de eso había sonado un gran estruendo.
Empecé a perder los nervios. Michelle me necesitaba, ¿Y si la ha pasado algo? Tengo que averiguarlo, no puedo perder más tiempo.
Así que sin pensármelo dos veces cogí la chaqueta y las llaves del coche y salí de casa como alma que lleva el diablo. Aceleré todo lo que pude con el coche para llegar a su casa lo antes posible. Aparqué en doble fila, no me molesté en encontrar sitio. Me bajé del coche y corrí hacia el portal. Llamé pero Michelle no contestaba, no podía entrar. Empezaba a ponerme nervioso, a preocuparme seriamente. Llamé como loco a todos los porteros intentando que alguien me abriera. Después de unos minutos que se me hicieron eternos una voz parecida a una anciana me contestó y me abrió sin fiarse demasiado. Entré y subí las escaleras corriendo de dos en dos. No podía perder ni un minuto, tenía que estar a su lado. Llegue a su puerta llame unas cuantas veces aunque sabía que nadie me abriría.
-        Argghhh, piensa Marcos, piensa, estás puertas no se pueden tirar así como así- me decía a mí mismo.
Entonces caí en la cuenta y recé para que aun tuviera en mi bolsillo alguna tarjeta de crédito o algo por el estilo con lo que poder abrir la cerradura.
Gracias a dios tenía el tarjetero en el pantalón. Saqué una tarjeta e intenté abrir la puerta pasándola. Un intento y nada. Otro intento y tampoco. Era imposible. Lo intenté de nuevo dando unos golpecitos a la puerta y al final… ¡tachan! La puerta se abrió como por arte de magia.  Entré sin pensármelo dos veces y allí estaba Michelle. ¡En el suelo! Desmayada con el móvil alrededor roto en mil pedazos. Corrí hacia ella nervioso. “No por favor que siga viva, no te la lleves dios mío”- pensaba para mis adentros, histérico. Comprobé que aun respiraba. Estaba viva, pero inconsciente. ¿Qué hacia? La cogí del suelo y la tumbé en el sofá como pude. Intenté darle palmaditas en la cara para despertarla, pero no funcionaba, era lógico. Había oído algo de que cuando una persona se desmalla si no es muy grave, con un poquito de agua reacciona y puede despertarse. Así que lo intenté y corrí hacia la cocina a por paños mojados de agua fría. “Por favor que funcione”- me repetía una y otra vez. Volví al sofá y aun seguía allí inconsciente, hermosa y frágil. Le puse los paños por la cara y la frente, estrujándolos para que el agua cayera por sus mejillas.
-        Por favor despierta Michelle, no te vayas…- decía hablando en alto con mis ojos vidriosos por la desesperación. Apoyé mi cara en su abdomen, intentando taparme las lágrimas que empezaban a caer de mis ojos.
Pero entonces… noté que despertaba y alcé la cabeza rápidamente. Lentamente abría sus ojitos desorientada, mirando de un lado a otro, hasta que su mirada se fijo en mí.
Ahora yo seguía llorando pero de alegría. Había despertado, estaba viva.
-        Mmm…. ¿Qué ha pasado?- me dijo con su voz angelical.
-        Qué alegría, estás despierta. Pensé que te perdía cariño. Te desmayaste Michelle, me has dado un susto tremendo- dije llorando de la emoción.
-        Marcos… No llores. Oye, ¿yo no estaba hablando contigo por teléfono? ¿Cómo has entrado? ¿Has venido hasta aquí para ayudarme?
-        Estábamos hablando por teléfono y de repente se cortó antes de escuchar un gran golpe. Me asuste y me temí lo peor. No podía hacer otra cosa. He venido lo más deprisa que he podido. Me aterraba la idea de que te fueras de mi lado preciosa- dije mirándola profundamente a los ojos.
-        Oh Marcos, eso es... maravilloso. Abrázame.- dijo incorporándose y abriendo sus brazos.
La abracé como nunca la había abrazado, con fuerza, como si no la hubiera visto desde hace años, como si se marchará para siempre en ese tren y nunca volviera. Sentía su respiración, un pequeño detalle que en esos momentos era motivo de celebración para mí.
-        Te quiero- me susurró al oído.
-        Y yo a ti princesa- le dije con una sonrisa mientras aun seguíamos abrazados.
……………………………………………………………………
Desperté y ahí estaba él llorando con su cabeza en mi abdomen. No recordaba que había pasado y que hacía en el sofá. Marcos me contó que me había desmayado mientras hablaba con él por teléfono, que había venido corriendo a ayudarme porque temía por mi vida. Ahora lloraba de felicidad, el brillo de sus ojos era especial. Le pedí que me abrazara, me había ayudado y había forzado la cerradura para estar a mi lado. Marcos era magnifico, ¿Quién habría hecho eso por mi? Nadie. Le confesé al oído que le quería y él me respondió con un “Y yo a ti princesa”. Sonreí, daba gracias por tener a mi lado a una gran persona como él.
En ese momento recordé el motivo de la llamada a Marcos. Me separé de su abrazo bruscamente y pensé en alto.
-        ¡El mensaje!- grité con los ojos como platos, aterrada y mirando a Marcos.




miércoles, 20 de octubre de 2010

"Vida sin Luz" Capitulo 11: Primera parte

A las dos llamadas Soraya me cogió el teléfono. No pensé si la pillaría ocupada aunque suponía que un viernes por la tarde… No andaría muy lejos.
-        ¿Sí? - preguntó ella sin saber quien hablaba detrás del teléfono.
-        Como que ¿si? ¿Es que ni si quiera tienes grabado mi numero en el inalámbrico ni sabes quién soy? – dije bromeando y a carcajadas. Mi buen humor no me lo quitaba nadie después de ese día con Marcos.
-        Que boba, es que estábamos viendo una peli y lo he cogido deprisa sin mirar quien era. ¿Cómo está mi querida Michelle?
-        Pues últimamente genial.
-        Uy… aquí hay gato encerrado. Ya puedes contarme que pasa eh que te veo demasiado feliz…
-        Oye, oye, a ver si no voy a poder estar feliz ahora eh…- dije aparentando estar molesta.
-        No te digo que no lo estés, pero después de la semanita que me has dado con tu jefe…
-        Ais… si pero ahora…
-        Espera, espera. Déjame adivinarlo… Mmm… has cambiado de opinión y ¡te lo has tirado!- dijo Soraya bruscamente.
-        Alaa!! Venga, ¿por qué no eres más bruta?
-        Si, pero que he acertado ¿verdad?
-        Pues bueno… la verdad es que… - pero mi amiga no me dejo continuar.
-        ¡Lo sabia! Si es que lo sabía tengo un don para esto. Cuéntamelo todo ehh.
-        Que exagerada eres. Pues es largo de contar ya quedaremos mañana si quieres que no quiero interrumpir tu película. Pero en resumidas cuentas… me ha cogido por sorpresa después de mi turno en el cuarto de la limpieza. Me ha pedido que le escuche y bueno una cosa ha llevado a la otra y…
-        Y lo habéis hecho ahí a palo seco ¿no?
No pude evitar reírme ante el comentario de mi amiga, ella siempre tan humorista y tan bruta con estas cosas.
-        Que bruta eres cariño. Pero si. Y lo mejor es que después esta tarde ha venido a mi casa y me ha regalado un ramo de rosas. ¡Más bonito! – mi voz parecía a de una quinceañera enamorada…
-        Tendrías que oírte Michelle. Estás enamorada ehh…
-        ¿Yo? Que dices… no…
-        No pasa nada, es normal que te guste, hasta a mi me gustaría. Es tan mono…
-        Oye rica cállate que tu amorcito como te oiga… ¡Además es mío!
-        Ja ja, tranquila, todo tuyo, yo me quedo con el mío. Mañana hablamos y me cuentas con más detalle. ¿Te viene bien que quedemos?
-        Pues de momento si, por la mañana a tomar un café, a las 10 en mi casa ¿vale?
-        Muy bien, allí estaré. Hasta mañana ¡enamorada! - se despidió riéndose.
-        ¡Adiós bruta!- dije yo también riéndome.

Colgué el teléfono, recordando las palabras de mi amiga Soraya. ¿Realmente estaba enamorada? No, no puede ser. ¿Enamorada en un día? ¿Dos? No, imposible. Solo me gustaba y estaba a gusto con Marcos, solo eso. No quería correr. Además el miedo a seguir sufriendo aun permanecía en mí, pero tenía la mínima esperanza que Marcos no fuera así, asique por algo me decidí a arriesgarme. Pero una cosa no tenía que ver con la otra. Aunque me hubiera arriesgado y diera el paso no iba a ir tan deprisa como para estar ya enamorada de mi jefe.
Esbocé una sonrisa y mi vista se dirigió a aquel precioso ramo de rosas colocado en el jarrón en la cocina. Su imagen vino a mi mente, sus besos, su sonrisa. Ya le extrañaba y no hacía ni una hora que se había marchado. ¿Era posible eso? Pues si lo era…
Y ahí seguía yo, recostada en el sofá con el inalámbrico aun en la mano, en las nubes, pensando cómo no…, en él… Y así me quedé dormida, una vez más en el sofá, pero con su imagen en la cabeza y como protagonista de mis sueños, él, mi querido Marcos.
………………………………………………………………..
(Marcos)
Salí de su casa feliz, me sentía vivo, lleno, pleno, como si volviera a respirar aire puro. Michelle, Michelle… Llevaba su nombre en mi cabeza, no podía borrar su imagen de mis pensamientos, su sonrisa, aquellos minutos en el cuarto de la limpieza esa misma tarde. Está claro que tenía miedo, pero al final se dejo llevar. Pensé que quizás malinterpretaría mi forma de actuar. Pero esta tarde en su casa, ha sido fantástico. Me sentía a gusto con ella, me encantaba, era guapa, inteligente, lista, cariñosa… Tenía todo lo que me gustaba… Y supe que tenía que hacer lo que fuera para conseguirla, pues después de lo de su ex, no sería fácil conquistarla. Pero por fin lo conseguí, esa tarde lo conseguí. Y ahora me sentía el hombre más afortunado del mundo. Quería ir más allá de unos simples besos con mi empleada, con esa dulce y tierna chica que me tenía fuera de sí. Que me había enamorado desde el primer día que la vi, que había luchado por ella día y noche. Pero esa lucha había merecido la pena. Hoy Viernes de un Marzo cualquiera, la tenía junto a mí. La había sentido tan dentro de mi… Era increíble, jamás pensé que pudiera llegar tan lejos con aquella dulce criatura… Con su sonrisa angelical, pero a la vez tan madura… Era perfecta. Aquel ramo de rosas le encantó, estoy seguro. Fue un gran detalle. Espero verla mañana, ya la echo de menos.
Llegué a mi casa y me tumbé en el sofá agotado. Sin dejar de pensar en ella caí en algo importante. Dentro de poco llegarían las vacaciones de semana santa. Por lo qué, bueno, estaba claro que los hoteles no teníamos vacaciones, pero yo que era el jefe me las podría dar y siempre podría elegir a quien llevarme. En esos momentos por mi mente pasó una idea maravillosa. Una semana de vacaciones perfecta a su lado, nos fugaríamos, nos libraríamos del trabajo por una semana, nos iríamos lejos, sería una sorpresa. No quería que se enterara, ya sabía cómo hacerlo. Solamente tenía que plantarme en su casa el fin de semana que empezaban las vacaciones y llevármela lejos, disfrutar una semana a su lado.
 ¿Qué destino Marcos? Me preguntaba una y otra vez. Quería que fuera original, no hacía mucho frio ya, de hecho para ser Marzo hacía calor y la previsión del tiempo daba buenas temperaturas para Semana santa.
-        ¡Ya está!- me dije para mi mismo.- La playa.
Si, una casita cerca del mar aunque el tiempo no acompañara para bañarnos estaría genial. Buenas vistas, romántica… Un plan perfecto, para la chica perfecta.
Tenía que planearlo todo, alquilar la casa, remover cielo y tierra, pero estaba dispuesto a hacerlo por ella. Se lo merecía.
Por un momento me pare a pensar.  ¿No vas demasiado deprisa Marcos? Aun no habíamos dejado claro lo que éramos. Ni si quiera sabía lo que ella pensaba de mi. Da igual se lo dejaría claro dentro de poco.
Aun quedaba una semana más para las vacaciones y esa escapada a la playa que aun ella no sospechaba nada. Aun faltaba una semana más de trabajo, pero al menos ella siempre estaba en la recepción con su humilde sonrisa para alegrarme todas las mañanas de mí aburrido puesto como jefe de ese gran hotel.
Y así terminó aquel viernes, un viernes perfecto con mi querida Michelle toda la tarde, incluso toda la noche en un precioso sueño tan real como su belleza, tan real que pareciera que la tuviera a mi lado durmiendo plácidamente…
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sábado, 9 de octubre de 2010

"Vida sin luz" Capitulo 10: Segunda parte

Correspondí su beso y me dejé llevar por ese magnífico momento. Cerré de nuevo los ojos cuando noté que Marcos había llegado a mis pechos, acariciándolos por encima de la blusa. Me desabrochó cada botón con una delicadeza asombrosa. Cuando terminó de desabotonar el último, abrió la blusa y me la quitó con cuidado por si me hacía daño. La verdad que era un amor. Comenzó a saborear mis pechos antes de quitarme el sujetador. Yo estaba tumbada, extendiendo los brazos a lo largo de la cama y con los ojos cerrados disfrutando del placer que Marcos me otorgaba. Él iba bajando lentamente hasta que llegó a mi falda. Hoy me había puesto una falda de tablas color granate; estaba harta de los pantalones y me apetecía ponérmela. Deslizó la falda hasta mis tobillos y me la quitó del todo, descalzándome los zapatos a su vez. Estaba de pie admirándome. Lo vi porque noté la ausencia de sus caricias en mi cuerpo. Cuando se dio cuenta que abrí los ojos para ver que sucedía, soltó una media sonrisa que me fascinó y observé cómo se acercaba a mis labios para morderlos sensualmente. Desde ahí era como si tuviese un camino por recorrer. Empezó dando pequeños besos y mordeduras por la mandíbula, se movió por el cuello; lo que provocó que se me erizara la piel y soltase un suspiro. Marcos siguió bajando hasta mis pechos, donde me bajó el sujetador, rozando mis pezones y consiguiendo que se me endurecieran al tacto de sus dedos. Se entretuvo ahí durante un tiempo, haciendo que jadeara. Continuó descendiendo por mi abdomen, lo que hizo automáticamente que yo encogiera la tripa hasta llegar a mi pelvis. Tenía un tanga negro con encajes plateados, adornando en la goma superior un lazo negro con dos bolitas de plata. Estaba demasiado excitada y él estaba demasiado cerca de mi intimidad. Colocó su nariz en mi clítoris y cogió un poco de aire. No sé por qué pero esa escena me excitó aún más, lo que hizo que Marcos se diera cuenta y conectara sus ojos con los míos y me dedicara su sonrisa torcida. Me despojó de mi ropa íntima muy despacio, casi de una manera sensual, lo que hizo que me volviera un poco loca. Después de quitármelo, me abrió lentamente las piernas, haciendo que yo notase la abertura de mis partes. Solté un gemido  por eso. Con cara de deseo comenzó a acercarse a mi intimidad y lo empezó a saborear con su lengua; recorriéndolo todo mientras yo ahogaba mis gemidos mordiéndome el labio inferior. Marcos me miraba de vez en cuando, lo mismo que yo a él. Veía en mi rostro la lujuria, la excitación y la pasión; sin contar con la desesperación que comenzaba a brotar en mi interior por sentirlo dentro. Yo sentía como su lengua entraba y salía de mí, pero lo hizo una vez más y se incorporó; dejándome tal cual y mirándole con cara de deseo y gruñéndole en voz baja. Se liberó de toda su ropa y la dejó en el suelo. Estaba desnudo delante de mí, lo que consiguió que me encendiera más. Se veía muy excitado; ya que dejaba entre ver su miembro. Se acercó sigilosamente a mí. Con un pequeño movimiento, miró hacia abajo y luego me penetró tiernamente, con amor y un poco de brusquedad por la pasión que sentíamos los dos. Ambos gemimos al unísono, lo que provocó que Marcos empezara a moverse más rápidamente. Por la excitación que sentía, yo clavaba mis uñas en su espalda y él gruñese por el contacto. Estuvimos así durante varias veces hasta que llegamos al clímax a la vez.
- Eres maravillosa- dijo Marcos aun con la respiración entrecortada, sudando y dándome besos en la cabeza.
Sonreí.
- Tú tampoco has estado nada mal.
- Ya, pero sin ti, esto no hubiese ocurrido- contestó mirándome a los ojos casi consiguiendo que su respiración volviese a la normalidad. Me dio un beso dulce y tierno mientras me sonreía.
- ¿No tenías que estar trabajando a estas horas?- pregunté ya más calmada, acariciándole el pelo mientras él estaba abrazado a mí y apoyando su cabeza en mi pecho desnudo.
- Si pero pasé a saludarte. ¿Ya me echas?- respondió haciéndome un puchero de lo más encantador.
- No te echo, solo era una pregunta. Pues vaya saludos que me das- sonreí.
- ¿No te gustan?- volvió a ponerme el mismo puchero mientras intentaba ocultar su sonrisa.
- No me gustan, me encantan- di por finalizada la conversación con una sonrisa y un beso casto en los labios.
Me incorporé para darme una ducha, pero Marcos me agarró del brazo y se empujó suavemente contra su cuerpo. Agarró mi cabeza con sus dos manos, delicadamente y me dio un beso tierno, amoroso… nuestras lenguas se entrelazaban y tenían una lucha por quien era el que ganara al otro. Era un beso suave y maravilloso. Saboreamos nuestros labios como el mejor manjar. Me giró y se desprendió del beso. Se despidió con la mano mientras sonreía y se metió al baño. Con cara de sorpresa y aun anonadada, me quedé como tonta mirando la puerta. Me había hecho trampas para entrar a la ducha primero. Sonreí por ese pequeño juego o broma entre nosotros. Miré a mi alrededor y aún estaban encendidas las velas de la habitación asique, mientras Marcos salía del baño para poder ducharme, comencé a apagar las velas una por una para que no se consumieran y pudiese pasar algo. Salí al salón e hice lo mismo con las de la mesa. Subí la persiana un poco para que entrara claridad; el suficiente para que los vecinos no nos viesen desnudos.
Al poco rato, Marcos salió del baño y me abrazó nada más verme; haciendo que me encogiera estando aún mojado y por lo frio que estaba. Sonreímos por el contacto de nuestra piel. Le empuje suavemente y me dirigí al baño. Antes de encerrarme vi como él me sonreía y me miraba de arriba abajo. Me adentré en la ducha y dejé que corriera las gotas por mi cuerpo. Estaba en la temperatura exacta; templada. Empecé a pensar en todo lo vivido ese día. En cómo comenzó la conversación con Marcos y como acabamos en el cuarto de la limpieza haciendo el amor o teniendo sexo; la verdad, no lo sé. Habría que hablarlo. Después de ahí, me vine a casa y al poco rato se acercó mi jefe a mi casa para traerme unas flores. Sonreí al recordar la escena. Aún seguía dejándome acariciar por los chorros de la ducha en mi cabeza, en mi cuerpo; haciendo que me relajara al instante y solo pudiese memorizar los momentos vividos con Marcos. Ha sido un día maravilloso, pero aún no terminó. Eran las siete de la tarde, que yo recordara, por la última vez que miré el reloj. Sin darme cuenta estuve por lo menos media hora debajo de la ducha y ni pensé que Marcos seguía en mi casa. Salí del baño con una toalla enroscada en mi cuerpo y otra en mi pelo. En la habitación no estaba, asique me dirigí al salón; donde estaba sentado viendo la televisión. Sonreí al ver esa escena, como si fuese mi pareja. No sabía de momento si lo era o iba a serlo. Me miró y sonrió nada mas haberlo hecho. Se incorporó y se dirigió a la puerta.
- Me ha encantado estar un par de horas contigo, princesa- se despidió Marcos en el umbral de la puerta.
- Lo mismo digo- le sonreí.
Nos fundimos en un cálido beso dulce y tierno. Entrelazamos nuestras lenguas como si fuese un pulso. A los pocos instantes nos separamos a nuestro pesar. Por nosotros, o por mí, me quedaría besándolo todo el día. Me dedicó una media sonrisa, me dio un casto beso y se fue diciéndome adiós con la mano. Cerré la puerta y suspiré, apoyando mi espalda contra ésta. En este momento estaba feliz asique, qué mejor manera de manifestarlo que llamando a mi amiga Soraya. Me encaminé hacia el sofá y cogí el inalámbrico de la mesilla dispuesta a marcar su número.

domingo, 3 de octubre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 10 : Primera Parte

Capítulo 10

Llegué a casa con una sonrisa impresa en mi cara. En todo el trayecto del trabajo a mi sofá no había parado de imaginarme a Marcos. Estaba en mis pensamientos. Desde que salí del hotel no dejé de sonreír como una estúpida, pero no me importaba. Estaba feliz, aunque había algo en mí que me decía que todo lo bueno se acaba. En vez de amargarme, decidí disfrutar mientras durara esa felicidad. Coloqué todas mis cosas antes de acomodarme mejor y no moverme en lo que restaba de día. No tardé mucho, asique me fui directa al sofá a ver un poco la televisión. A los pocos minutos, mi móvil sonó.
“Para que sepas que me acuerdo a cada segundo de ti. Te quiero. Marcos”.
Mi sonrisa se ensanchó. Tenía una gran felicidad en el pecho y sentía que pronto se me iba a salir de tan rápido que me latía. Sé que no estoy enamorada de él pero si muy ilusionada. Estoy harta de sufrir, de negar lo inevitable y quedarme siempre a las puertas de la felicidad porque el miedo me lo impide. Decidí contestar al mensaje; me sentía como una adolescente que quería estar mandándose mensajes constantemente con el chico que le gusta. Sonreí mientras lo pensaba.
“Yo también me acuerdo de ti. Un beso. Michelle”.
A los pocos instantes el timbre sonó. Me extrañé porque no esperaba a nadie. Me levante y abrí la puerta. Al otro lado había un hombre, o alguien; ya que solo le veía de cintura para abajo porque le tapaba el resto del cuerpo un ramo de rosas. Automáticamente sonreí por pensar que fuese Marcos.
- ¿Marcos?
- ¿Cómo sabes quién soy?- preguntó sorprendido mientras retiraba el ramo y sonreía. Se le veía guapísimo mientras sonríe.
- Nadie me viene a traer flores- contesté riendo.
- Eso espero, sino… les corto las piernas a cualquiera que se te acerque- dijo en tono enfadado pero bromeando, mientras posaba la mano donde sujetaba las flores en mi cintura y me acercaba a darme un cálido y húmedo beso. Al empujarme suavemente, me incline hacia atrás y le devolví el maravilloso beso que me estaba brindando, apoyando con las dos manos en su maravillosa cara.
Le hice pasar mientras él me ofrecía coger las flores que traía. Fui a la cocina a meter las rosas dentro de un jarrón lleno de agua. Cuando regresé al salón, Marcos estaba de pie al lado del sofá y sonriendo como si nunca hubiese roto un plato. El salón se notaba más oscuro, o mejor dicho, con menos luminosidad. A medida que me iba acercando, él seguía sonriendo hasta que vi encima de la mesa un par de velas encendidas.
- ¿Y esto?- pregunté entre extrañada y asombrada.
- Un… detalle para darte las gracias.
- Las gracias… ¿Por qué?
Me dedicó una media sonrisa, comenzó a dar pequeños y lentos pasos mientras arrancaba a hablar.
- Por darme esta oportunidad de intentarlo contigo, por hacerme el hombre más dichoso estando conmigo, porque no te voy a defraudar y por dejar hacerte feliz- cuando terminó, posó sus manos en las mías y me sonrió más abiertamente. Yo no pude gesticular palabra. Todo lo que me había dicho era tan bonito… Solo le pude responder acercándome a él, pasando mis brazos alrededor de su cuello y empujándolo hacia mi boca. Nos fundimos en un beso apasionado, lleno de ternura, pasión, amor… muchos sentimientos en un solo beso. Él me pasó la mano por la nuca, mientras la otra la posaba en mi cintura. El beso se convirtió en deseo, en urgencia y desasosiego, como buscando la calma de nuestros corazones. Nos separamos saboreando el ultimo roce de nuestros labios, haciéndolo sonoro por el amor que sentíamos.
Lo agarré de las muñecas y le arrastré al sofá para sentarnos. Apoyé mí cabeza en su hombro para estar más cómoda y cerca de él. Estiré las piernas en el resto sobrante del mueble y entrelazamos los dedos mientras nos mirábamos, sonriendo como tontos. Marcos me acercó a él y me besó en la cabeza como signo de ternura, mientras yo entrecerraba los ojos para sentirlo.
- ¡Guapa!- susurró Marcos de repente mientras me acariciaba la mejilla.
Ronroneé.
Él me sujetó por la barbilla y me subió la cabeza, dejando mi boca a pocos milímetros de la suya. Comenzó a acercarse un poco más y nos fundimos en un maravilloso beso. Tanta ternura, pasión y amor juntos me deja aturdida, embobada. Pasé mi mano por su nuca para así acercarlo más a mí y el beso sea más profundo. Marcos bajó de mi barbilla a mi cintura, acariciando mi pecho izquierdo. Solté un suspiro en su boca y el soltó una media sonrisa. Yo también sonreí. Los besos se volvieron más urgentes, deseosos y bruscos. El fuego empezaba a crecer en nuestros cuerpos como si avivasen la llama de una chimenea. Nos besamos más deprisa y con más ferocidad. No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos así pero me parecieron segundos. Noté como Marcos me agarraba por debajo de las rodillas y por la cintura. Me había levantado en sus brazos y me estaba trasladando al dormitorio, pero no me di cuenta hasta que me dejó en la cama. Seguimos besándonos con la misma brusquedad que antes pero aun con ternura. Desprendió sus labios de los míos y se entretuvo en mi cuello. Yo aproveché para abrir los ojos y vi que toda la habitación estaba iluminada con velas; las mismas que el salón. Me quedé sin palabras.
- ¿Cuándo has hecho todo…?
- Shhh. Eso no importa ahora- me interrumpió susurrando mientras volvía a posar sus labios en los míos.