Todo empieza por una venganza... Un nuevo trabajo, una nueva vida cimentada en la noche, un nuevo objetivo, la otra cara de su persona... Dinero, alcohol, drogas, sexo, hombres, stripper. Un mundo en el que nuestra potragonista estara metida solo y unicamente por una razón: Vengarse y encontrar la felicidad.















Muy Recomendada

miércoles, 22 de diciembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 16 : Primera Parte

Capítulo 16

Nos quedamos abrazados en la cama. Sentados hacía atrás; apoyados en el cabecero de madera, con los pies estirados en el cómodo mueble de sábanas de seda y reposando mi cabeza en el pecho de Marcos, es lo único que deseo ahora mismo. Acariciaba mi pelo con cariño, tranquilizándome. Respiraba acompasadamente y con los ojos cerrados. Venía a mi mente la imagen del encontronazo con el encapuchado. Golpeó fuerte y seguramente que a Marcos le pegó con fuerza. Vi que le tenía de frente y que le pegaba delante de mí. Escuchaba los gritos de dolor en sus costillas, como si el puñetazo me lo hubiese dado a mí. Observaba a Marcos en el suelo y me miraba en señal de disculpa. Yo negaba con la cabeza para que entendiese que no era su culpa. Miré y me noté que estaba sentada en una silla, atada con una gran cuerda a mí alrededor. El agresor le propinaba patadas a Marcos en la barriga, en la espinilla y otros lugares que no quería ver. Le grité que parase, pero no me hacía caso.
-          ¡PARA! ¡DÉJALO EN PAZ!- grité.
El malhechor me observó por un segundo, profundizando su mirada e intentando intimidarme, pero no le tenía miedo. Se le notaba que sonreía por debajo del pasamontañas.
-          Sí, déjalo en paz. Me buscas a mí. ¡Ven si tienes narices!
Volvió a golpearlo unas veces más.
-          ¡QUE PARES! ¡HE DICHO QUE LE DEJES EN PAZ!- volví a gritar.
Noté que me zarandeaban.
-          ¡Shhh! Michelle, despierta- escuché que me llamaba Marcos.
Abrí los ojos y le vi la cara llena de moratones y con gesto de preocupación. Había sido solo un sueño. Me había quedado dormida y no me había enterado.
-          Es solo una pesadilla, tranquilízate- me susurró mientras me besaba en el lóbulo de la oreja suavemente.
Suspiré vencida. Este suceso me dejaba agotada.
Sin darme cuenta, Marcos me acunaba entre sus brazos y me sonreía. Comenzaba a besarme tiernamente, despacio y despegando los labios con delicadeza. El último movimiento me recorrió un cosquilleo por toda la espina dorsal. Le agarré del cuello con la mano izquierda y le besé con urgencia. Él me recorrió, con las yemas de los dedos, el hombro suavemente. Siguió acariciando hasta tocar mi pecho, masajeándolo. No sé, pero parecía que este tema nos excitaba muchísimo. No parábamos de acostarnos cada dos por tres. Y no es que me queje, pero cualquiera diría que somos unos conejos. Bajó hasta mi cintura, seguido de mi cadera, hasta llegar a mi trasero. Seguía besándome con urgencia, como si con cada beso quisiera más de lo que obtenía. Estábamos encendidos y ganas no nos faltaban. Seguimos con el beso pero no pasó más allá. A nuestro pesar, nos separamos y nos volvimos a dar un casto y sencillo beso. Nos sonreímos y volví a mi posición del principio. Con mi cara apoyada en su hombro y él acariciando mi pelo y, esta vez, mi hombro, me daba pequeños besos en la cabeza para tranquilizarme.
Sin enterarnos, nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, todo parecía más tranquilo. Marcos me despertó con un beso suave y tierno en los labios y un susurro en mi oreja:
-          ¡Buenos días, princesa! ¡Aquí tienes el desayuno!
Si es que era tan mono… Me colocó el desayuno en una bandeja de color morado. Me incorporé y me lo puso encima de las piernas.
-          No te tenías que haber molestado, cariño.
-          Si quieres me lo llevo- sonrió bromeando.
-          ¡NO! Ni se te ocurra.
Había una buena taza de café y un gran vaso de zumo de naranja con tostadas recién hechas. El olor de pan tostado llegaba hasta el dormitorio, proveniente de la cocina.
A duras penas, me comí todo. Marcos me ayudó porque tampoco había desayunado. No tenía por qué haber hecho esfuerzos en su estado, pero él siempre tan atento hasta en los malos momentos.
Nos duchamos por separado, porque si nos juntábamos, iríamos con retraso al médico y después a comisaría para denunciar los golpes y mis mensajes. Al terminar  la ducha, Marcos guardó todo lo que utilizó para el desayuno. Fregó los pocos cubiertos y platos, y salimos en dirección al médico. Marcos conducía como podía. Aún le molesta el costado. Hizo un mohín de dolor con la boca y se llevó la mano derecha al costado contrario.
Ya en el médico, le hicieron unas radiografías por todo el cuerpo para ver qué daños sufría. La costilla se le sanaría en unos días y las heridas exteriores con unos días de curación, desaparecerían. Las heridas internas no eran graves, y aunque no hizo falta hospitalizarlo, le tuvieron que vendar por debajo del pecho. Marcos habló con el médico sobre una posible denuncia por la paliza. ÉL me miró por un momento, esperando mi aprobación. Yo asentí y decidió denunciar. Firmó un parte que le tendió el médico. Le dio una copia y nos dirigimos a la comisaría a denunciar. Esa copia era para dárselo a los policías y tengan alguna prueba, por si hacía falta. Tuvimos que esperar durante quince minutos hasta que nos llamaron. Yo, como en el médico, me senté a su lado y él lo relataba todo a medida que el agente le preguntaba de lo sucedido. Mientras que Marcos hablaba, el policía escribía en su ordenador. Tuve que dar testimonio sobre mis mensajes de móvil. Me pidieron el teléfono para registrar el número y pincharlo para que lo que yo recibiera, ellos lo recibieran automáticamente al mismo tiempo.
Después de estar como mínimo, hora y media en la comisaría, nos fuimos a su casa a recoger alguna ropa limpia y dejar la sucia en la lavadora. Al rato, decidimos ir a mi casa a dejar su ropa y que descansara un poco, pues el médico le recomendó reposo.
Pedí unos días libres por motivos personales y me quedé cuidando a mi novio sin rechistar. Estaba encantada. Aunque él decía que no hacía falta y que no era un inválido, yo no le dejaba hacer nada. Me recordaba a un niño pequeño con sus berrinches. Le mimaba, le besaba, le consentía…
Poseía mucha ropa sucia. No le entraba toda en la lavadora y como teníamos un poco de prisa por llegar a casa, le comenté el lavar el resto de ropa en mi casa. Al principio se negó, pero como soy más cabezota que él, al final accedió.
Estuve haciendo toda la casa, pues hacía mucho tiempo que no limpiaba a fondo. Terminé agotada. Marcos estaba en el dormitorio echado la siesta y yo me senté en el sofá a descansar un poco.
Me quedé dormida.
Sentía un gran nudo en el estómago. Estaba alterada y no dejaba de correr y mirar hacia atrás, como si alguien me estuviese persiguiendo. Era un presentimiento pesimista. Decidí seguir corriendo aunque no supiese de qué o de quien huía. Seguía corriendo como alma que me lleva el diablo. Sentía pánico en mi interior y no me daba muy buena espina. En estos momentos en que dejaba de mirar para atrás y observaba lo que tenía delante, una sombra me invadió, como si alguien se hubiese abalanzado sobre mí y me atrapase.

5 comentarios:

  1. me encanta ^^ espero impaciente el siguiente :D

    ResponderEliminar
  2. esta genial mi niñaaaa vas mejorando y cada vez más jejeje yo ya me le e leido entero pero le has acortado en buen sitio xDD jejej bss tq

    ResponderEliminar
  3. uuuuaaauuuu nena keiro el sigiente ya asik tu sabras cuando lo cuelgas pork te puedo matar jajajja
    me ecnata tia pero falta un poco de xixa en plan otro mensajito ejjee
    te kiero wapa

    ResponderEliminar
  4. mmmm esta emparanoiada la piva em!! aunke es normal pero yo kese...xDDD
    ademas me da la sensacion de ke pronto pasara algo con el tipo ese eh!!
    jajaja
    me encanta el capi!
    un besito!!^^

    ResponderEliminar
  5. lo mal q lo esta pasando la pobre, la verdad q debe ser una angustia deseando leer el siguient m encantooo Bea pronto la 2º part, os kero ninias

    ResponderEliminar