Todo empieza por una venganza... Un nuevo trabajo, una nueva vida cimentada en la noche, un nuevo objetivo, la otra cara de su persona... Dinero, alcohol, drogas, sexo, hombres, stripper. Un mundo en el que nuestra protagonista estará metida solo y únicamente por una razón: Vengarse y encontrar la felicidad.















Muy Recomendada

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 14 : Primera Parte

Capítulo 14


-          ¡Tranquilo! No ha pasado nada. Te llamaba para decirte que he quedado con Soraya a dar una vuelta, para que lo supieras. Otra cosa que quería pedirte, es si podrías quedarte esta noche también a dormir conmigo; si tú quieres- respondí a su alarmada pregunta.
-          ¡Que susto me has dado! Vale, pero ten cuidado. Si pasa algo, llámame al instante, ¿entendido?
-          ¡Sí, papá!- dije en tono burlesco.
-          ¡Qué boba!- rió- , y sí, me encantaría volver a pasar la noche contigo. En cuanto salga de trabajar, compro algo para cenar y marcho a tu casa.
-          Está bien. Luego te veo cariño.
-          Te Quiero.
-          Y yo a ti.
Colgamos a la vez.
Eran las once de la mañana y ni me había dado cuenta. Decidí darme una ducha relajante. Quería despejar mi mente a todo tipo de mensajes y pesadillas. No entendía quién podría ser el remitente del mensaje. Pensé en ir a la policía, pero no me pareció buena idea de momento. Por lo menos, hasta que la situación sea un poco más grave. No quería equivocarme. No sé cuánto tiempo estuve debajo del agua, pero creo que bastante; pues escuché el sonido del timbre de mi puerta, el que me hizo despertar de mi ensimismamiento.
Cogí una toalla y me la enrosqué en el cuerpo. Me coloqué otra más pequeña en la cabeza, enroscándola con el pelo. No esperaba visita a estas horas, con lo que me asusté mucho. Anduve sigilosamente, descalza por la casa, hasta llegar a la puerta. Observé por la mirilla y vi que era Marcos. Suspiré de alivio y abrí la puerta.
-          ¡Madre mía! Voy a tener que venir más a menudo para que me abras así- dijo pícaramente con una sonrisa en los labios.
-          ¡Muy gracioso! Me asustaste, no te esperaba- contesté un poco asustada.
-          Mi niña, lo siento, pero es lo que tiene las sorpresas; no se avisa antes- contestó mientras me abrazaba por la cintura y me besaba con profundidad la boca.
-          Si, la verdad que me has sorprendido.
-          No del todo- sonrió.
-          ¿No?- pregunté extrañada.
-          Venía a traerte la comida, ya que conmigo no quieres salir a la calle y con Soraya sí- respondió con recelo.
-          ¿Estás celoso?- cuestioné con gracia mediante me acercaba a él.
-          ¡Pues sí!- hizo un puchero de lo más adorable, lo que provocó que le diera un beso fugaz. Sus labios se les veía tan apetecibles…
-          Bueno, iría a comer fuera contigo, pero la comida ya la has traído.
-          Se puede dejar para otro día.
-          Mejor la comemos hoy y ya otro día vamos a comer por ahí, ¿de acuerdo?- intenté convencerlo poniéndome demasiado cerca de sus labios, a milímetros de besarnos. Él me miraba la boca, que la tenía entreabierta, como la suya.
-          Está bien. Juegas sucio, ¿sabías?- me susurró en los labios y aproximándose a ella, lo que yo me apartaba poco a poco y en la misma posición.
-          ¿Por qué lo dices?
-          Porque te me insinúas en toalla  y me ofreces tus labios que son mi adicción.
-          ¡Vaya!-reí- , no tenía ni idea.
Dejó la bolsa de la comida en la mesita de la entrada y me abrazó por la cintura. Seguía acercándose más a mí, con lo que yo me apartaba, jugando con él. No sabía si podría resistirme mucho más sin besarle. Al instante, Marcos me sujetó con una mano, la nuca y me aproximó a él. Intenté separarme, pero tenía más fuerza que yo. Cuando nos besamos, sentí un fuego arder en mi interior y Marcos cogió aire por la nariz bruscamente, dando a conocer su fogosidad en ciertas partes. Nos besamos con urgencia, nos tocamos y nos acariciamos con gran necesidad. Nos trasladamos rápidamente al dormitorio sin despegar nuestras bocas. Por el camino, cayó la pequeña toalla que tenía enroscada en la cabeza. El contacto del pelo mojado sobre mi pequeña parte de espalda descubierta, me provocó un jadeo a milímetros de su boca. Sentía la necesidad de sentirle, de seguir besándole. Marcos cerró la puerta con el pié y me empotró contra ésta, consiguiendo que me excitara más y tuviese más ganas de él. La toalla me tapaba un cuarto de muslo, lo que dejaba ver el resto de mis piernas y podía volar la imaginación. Me rozó con su mano mi intimidad, yo solo jadeé. Quería tenerlo dentro lo antes posible. Mientras seguíamos besándonos, le desabrochaba el cinturón del pantalón y se lo baje con bóxer incluidos. Su miembro pedía a gritos atención. Le acariciaba suavemente, lo que conseguí sacar un gruñido gutural de la garganta de Marcos. Le coloqué un preservativo, me remangó la toalla y me puso las piernas en su cintura. Velozmente, entró en mí. Se sentía placentero y muy bueno. La necesidad y el fuego aumentaban, con lo que clavé mis manos en su espalda. Sus movimientos eran feroces y rápidos. Los gemidos los ahogábamos en el hombro del otro. Comenzó a acariciarme los pechos por encima de la toalla, lo que me daba una sensación diferente pero no menos excitante. Con varios movimientos más, llegamos al clímax. Sudorosos e intentando acompasar nuestras respiraciones, seguíamos unidos. Yo apoyada en la puerta y él muy cerca de mi boca. Me besó profunda y cariñosamente.
-          ¡Mira lo que provocas en mí! ¡Mira lo que consigues!- dijo sonriente mientras me volvía a besar.
-          Ahora tendré yo la culpa. Mira tú como me tienes- contesté extendiendo los brazos para que viese que aún seguía apoyada en la puerta y mis piernas en sus caderas.
Los dos nos reímos.
Me volvió a besar tiernamente en los labios y sujetándome por la cintura con una mano, me bajó al suelo. Él se quitó el preservativo y lo tiró a la basura de la cocina. Regresó abrochándose los pantalones que yo le bajé momentos antes.
-          ¿Vamos a comer, no?- preguntó como si no hubiese pasado nada.
-          ¡Ni que yo tuviese la culpa de que no hayamos comido ya!- contesté perpleja por su actitud.
Me sonrió.

sábado, 20 de noviembre de 2010

"Vida sin luz" Capitulo 13: Segunda parte

Entonces me acordé de que después de la cena cada uno tiene que dormir. Pero una cosa tenía clara, no quería dormir sola. Por nada del mundo y bueno…, ya que estábamos tan a gusto los dos abrazados desnudos, intenté pedirle rogante a Marcos que se quedara.
-        Esto…- intentaba buscar las palabras adecuadas para no parecer egoísta- Marcos… yo... Quería decirte algo.
-        Dime Michelle, ¿qué sucede?
-        Bueno veras, es que seguramente que ahora te vayas a tu casa a dormir y… bueno yo me tengo que quedar aquí sola y…- pero no pude seguir porque él me cortó.
-        Sshhh,- dijo poniendo su dedo en mis labios a modo de silencio- tranquila, se lo que insinúas- dijo mirándome a los ojos con nuestros rostros muy cerca- Si tu quieres me quedaré a dormir contigo preciosa, no quiero que te suceda nada y mucho menos que no duermas por miedo, así que si me dejas me quedaré así a tu lado toda la noche.
-        ¿¡En serio!?- dije llena de alegría y con  una sonrisa de niña en la cara.- ¡Pues claro que te dejo! Gracias cariño- grité mientras le abrazaba- gracias por no dejarme sola.
-        No me las des. Por ti haría eso y mucho más, ¿lo sabes no?- me preguntó sin dejar que le contestara pues seguidamente me besó profundamente.
-        Lo sé. Te quiero Marcos.
Y así fue como acabamos dormidos, abrazados, desnudos, con una sonrisa en nuestros labios, pero sobre todo logré olvidarme de aquel sms misterioso que tanto miedo me había producido.
Pero lo peor fue aquella pesadilla que tuve esa noche.  Estaba en una habitación oscura, atada, con una venda en los ojos, con una mordaza en la boca y sentada. Alguien se acercaba sigilosamente. No podía distinguir quién era pues tapaba su rostro con un pasamontañas para que solo se le vieran los ojos. Traía un cuchillo y se dirigía a mí muy deprisa. Yo pataleaba, lloraba, intentaba gritar. Llamaba a Marcos, pero nadie me escuchaba. De repente mi agresor me enseñaba mi móvil, exactamente ese sms que tanto pánico me daba volver a leer. Y sin pronunciar palabra justamente después, empezaba a rozar mi cuello con el filo de su cuchillo, a rasgarme las ropas. Restregaba su boca por todo mi cuerpo junto con el cuchillo, el cual me inmovilizaba. Sentía miedo, dolor, impotencia… De repente aquel hombre de negro se paró en seco delante mía, me miro por última vez y me dijo “Esto te lo mereces, por puta” y seguidamente me clavó el cuchillo en el estómago.
Desperté empapada de sudor, agitada y me incorporé rápidamente. Marcos había estado observándome y me miraba preocupado y sujetándome la espalda por detrás. Mi respiración agitada y mis ojos como platos, daban seña de aquella pesadilla.
-        ¿Estás bien Michelle? Ya esta, tranquilízate, solo fue una pesadilla.
-        Me va matar Marcos. No quiero morir, no quiero…- decía mientras comenzaba a llorar y le abrazaba fuertemente sintiendo protección.
-        Preciosa, no morirás, solo ha sido una pesadilla, estate tranquila. Yo estoy aquí. No dejaré que te ocurra nada malo ¿vale?- me preguntó mirándome profundamente a los ojos tras separarse de ese abrazo.
-        Está bien- dije tras sorber por la nariz.
-        Anda descansa un poco más que aún es pronto.
-        Pero no te vayas, quédate conmigo, por favor- le pedí rogante.
-        Tranquila preciosa, no me iré de aquí.
Y tras esto volví a abrazarme fuertemente al pecho de Marcos para poder dormir, mientras él me tranquilizaba tocándome el pelo y dándome pequeños besos en la cabeza. Así volví a dormirme tranquilamente sin nada que temer.
Cuando volví a abrir los ojos ya eran las nueve de la mañana y Marcos aun seguía dormido.
-        Pobrecito- pensé- no le he dejado dormir en toda la noche con mi pesadilla.
Era tan bello, tan hermoso, incluso dormido parecía un ángel. Me acerqué a él para rozarle los labios sigilosamente, con cautela para no despertarle. Pero fallé en mi intento y me correspondió aquel apasionado beso.
-        Mmm… que buen despertar- dijo abriendo lentamente los ojos- ¿Cómo estas princesa?
-        Mucho mejor, más tranquila gracias a ti. Seguro que no te debí dejar dormir anoche con mi pesadilla.
-        No digas bobadas, he dormido muy bien sobre todo cuando te contemplaba verte dormir- decía a risas.
Mis mejillas se sonrojaron y solo pude agradecerle su cariño con un beso casto en los labios.
Me levanté y me puse el pijama del cajón para estar por casa,  junto con mi bata. Mientras, Marcos se vestía y juntos recogimos la mesa de la cena de anoche, desayunamos y después me ayudo a hacer la cama. Era maravilloso, empezaba a quererle tanto, que sentía que le necesitaba por momentos.
Tras unas horas juntos en mi casa tuvo que marcharse, debía ir a su casa, recoger y pasarse por el hotel para terminar trabajo pendiente.
No quise agobiarle así que le dije que se marchara, aunque el insistía en quedarse por si tenía miedo. Me trataba como una princesa, lo agradecía, pero no quería ser egoísta. Al final le convencí aunque no del todo.
-        Bueno, como quieras, me voy, pero si pasa algo por pequeño que sea me llamas corriendo al móvil o a casa ¿vale? ¿prometido?
-        Prometido- dije con una sonrisa de enamorada en la cara.
-        Te quiero cielo, adiós- se despidió con un beso profundo y apasionado.
-        Adiós corazón.
Cerré la puerta y suspiré. Era demasiado bonito, aun seguía sin creerme que tuviera a un hombre así a mi lado. Me sentía como la princesa de ese cuento, con miedo a despertar de él un día y verlo todo al revés. Ahora era feliz, exceptuando aquel problema del sms oculto. Pero no quería volver a pensar en ello. Me ponía histérica cada vez que me venía a la mente la pesadilla de aquella noche.
En ese momento me acordé de Soraya. Tenía que llamarla y quedar con ella. Hacía mucho que no la veía y necesitaba también su compañía.
Así que decidida cogí el inalámbrico y marqué su número. Tras el segundo toque me lo cogió.
-        Hola nena.
-        Hola Soraya, ¿Cómo estás?- le pregunté.
-        Pues muy bien, no me quejo. ¿Y qué hay de ti Michelle? Que ya parece que me llamas menos- dijo riéndose y bromeando.
-        No digas tonterías. Te llamo igual. Sabes que de ti nunca me olvido tontina.
-        Lo sé, soy demasiado importante en tu vida- añadió riéndose.
-        Ya veo que no te hace falta abuela chica.
-        Ya ves que no Michelle.
-        Bueno, ¿tienes planes esta tarde?
-        Pues no, esta noche si, pero esta tarde tengo un hueco para ti si es lo que deseas saber.
-        ¡Serás creída!- dije riéndome- Así es, lo decía para vernos que hace mucho que no quedamos ¿te parece?
-        Si, si, lo veo bien. Donde, como, cuando, a qué hora…
-        Muchas preguntas nena- dije vacilándola- Elige tu.
-        Pues… a las 6, en tu casa y luego nos vamos a tomar algo. ¿Qué dices?
-        Pues digo que genial, aquí te espero fea.
-        Muy bien, hasta la tarde. Adiós Michelle.
-        Hasta luego Soraya.- me despedí.
Siempre tan vacilona ella. Me hacía sentirme bien con ese toque de humor.

****
(Marcos)
Salí de su casa con una sonrisa en la cara. Aquella noche a su lado había sido magnifica, la mejor que nunca había vivido desde hacía tiempo. Me entristecía verla preocupada, asustada, aterrorizada. Aquella pesadilla la alteró demasiado. No quiso contarme que había soñado, pero preferí no recordárselo para que no lo pasara peor. Solo me dediqué a abrazarla fuertemente, acariciarla y transmitirla seguridad, mi apoyo y mi calma. Así consiguió dormirse profundamente. Estaba tan linda cuando dormía, una preciosa escultura, una carita inocente. Aquella mujer me hacía el hombre más feliz del mundo teniéndome a su lado.
Tras despertarnos desayunamos juntos y seguidamente, la ayude a recoger. Sabía que tenía que marcharme a mi casa a terminar de recoger y pasarme por el trabajo, pero no quería dejarla sola. No ahora que estaba tan aterrorizada. Pero por mas que le insistí en quedarme, no quiso, pues así se sentía egoísta. Me dejo marchar, pero antes le recordé que me llamara con cualquier cosa. Y así fue como me encaminé con aquella felicidad a mi casa.
Aun no le había propuesto nada, tenía en mente estar aun más cerca los dos. Poder irnos a vivir juntos era algo que me encantaba. Pero pensé que a lo mejor aun sería pronto.
Después de recoger en casa, me dirigí al hotel. En realidad no tenía que hacer nada, pero quería dejar preparado el tema de mis vacaciones con Michelle. Unas cuantas llamadas telefónicas para tenerlo todo preparado  y así sorprender a mi dulce y hermosa princesita.
“Pareces un tío de quince años Marcos” -me decía mi conciencia. Pero no me importaba, al fin era feliz y quería hacerla feliz a ella también.
Mientras llamaba para reservar nuestra casita en la playa, sonó mi móvil. Le saqué inmediatamente del bolsillo y miré la pantalla. MICHELLE. Mi estómago subió de repente hasta la garganta. Rápidamente colgué al señor de la agencia que me hablaba por teléfono y me centré en aquella llamada de mi querida Michelle. Recordé mis palabras antes de salir de su casa: “Llámame si pasa algo ¿vale?” Empecé a preocuparme, algo malo ocurría. Sin pensármelo, descolgué el teléfono nervioso y agitado.
-        Michelle, ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?- le pregunté rápidamente y bastante preocupado.

sábado, 13 de noviembre de 2010

"Vida sin luz" Capitulo 13: Primera parte

Una paz interior recorría mi cuerpo cada vez que Marcos me miraba de esa forma, cada vez que estaba junto a él, que me acomodaba en sus brazos, que me mimaba y me besaba. Todos los miedos desaparecían cuando estaba a mi lado, las dudas, el dolor… Ahora éramos novios, sonaba tan bien. Me sentía dichosa de tenerle conmigo. Aunque tenía miedo de que una nueva relación pudiera salir mal, que Marcos pudiera dejarme como los demás. Pero cuando le miraba, veía imposible que pudiera hacer tal cosa. Se veía en sus ojos bondad. Dejé de pensar en paranoias de las mías y me concentré de nuevo en esos ojos brillantes que me hipnotizaban.
Después de un largo tiempo con nuestras miradas fijas habló él:
-        Bueno cielo hay que cenar ¿no crees?
-        Por mi me quedaría así contigo toda la vida- dije acurrucándome en sus brazos.
-        Y yo Michelle, y yo. ¿Qué te parece si salimos a cenar fuera? Yo invito.
-        ¿Fuera? ¿En la calle? No por favor, tengo miedo.
-        No te pasará nada preciosa, yo estoy contigo ¿Vale?- intentaba tranquilizarme.
-        Por favor…, propongo algo mejor.
-        ¿Qué es?
-        Yo hago la cena y cenamos aquí los dos. Te aseguro que te chuparas los dedos- dije soltando una sonrisa picara.
-        Eso no lo dudo, seguro que es un gran manjar como tu- dijo pícaramente acercándose para besarme de manera tierna.
-        ¿Entonces? ¿Trato hecho?
-        Mmm... Está bien, tú ganas- se rindió.
-        Gracias Marcos, te quiero.
-        Y yo mi niña.
Así que tras esto, me levanté intentando localizar toda mi ropa esparcida por el suelo del salón y me vestí. Después me dispuse a hacer la cena mientras Marcos terminaba de vestirse y preparaba la mesa. Pero no una mesa cualquiera. Preparó una bonita estampa con velas para darle un toque romántico. Era precioso, todos los detalles de Marcos hacían que me enamorara cada día un poquito más.
Una vez lista la cena nos pusimos a cenar. La velada se hizo tranquila, amena, hablando de todo tipo de cosas, riéndonos sin parar. Todo hay que decirlo, la dorada a la plancha con mi toque de limón me salió riquísima y a Marcos le encantó.
-        Definitivamente la cena está riquísima, ya sabía yo que sería un dulce manjar.
-        Bueno en este caso salado, no dulce- dije a modo de broma.
-        Cierto, aquí solo hay un manjar dulce en toda la casa.
-        ¿Ah sí?
-        Si. Tu cariño.- dijo agarrándome la mano y rozando mis labios con suavidad.
Un cosquilleo recorría mi cuerpo. Me sentía como la más tonta del universo, como aquella quinceañera enamorada. No, no. Era diferente, yo no estaba enamorada. ¿O tal vez si y aun estaba negándolo? Da igual, lo que sí sé es que me encantaba estar con él.
Aquel beso se iba profundizando poco a poco. Era como un postre delicioso, saborear lentamente sus labios, mientras nuestras lenguas jugaban inocentemente. Compartíamos deseo, pasión y sentimientos. Nuestros cuerpos se juntaban, las caricias aumentaban considerablemente. Su mano recorría mi espalda, la mía jugueteaba con su pelo. Involuntariamente nos levantamos de las sillas mientras seguíamos sin despegarnos. Caminábamos lentamente por el pasillo, con un fuego que quemaba en nuestro interior, los besos se incrementaron, ahora eran más fieros, más salvajes. Mi camiseta desapareció en unos segundos ocupando su lugar en un rincón del pasillo y dejando visibilidad a mi sujetador morado. Sus dedos recorrían mi espalda suavemente descargando en mi miles de corrientes, cosquilleos y calambres que hacían que me encorvara hacía atrás. En pocos segundos llegamos a la habitación y apoyándonos en la puerta logré quitarle la camisa de un tirón. Aquel pecho desnudo y caliente se juntaba con el mío proporcionando más pasión de la que ya había.
Poco a poco nos acomodamos en la cama con suavidad, me depositó con ternura besando mi cuello haciendo que no pudiera pensar con claridad y que algún que otro gemido se escapara involuntariamente. Eso le hacía sentirse bien, y empezó a bajarme los pantalones rápidamente, hasta que mi cuerpo se quedó solo con el conjunto interior morado que le provocaba tanto. Sus besos recorrían mi escote y mi torso desnudo hasta llegar a mi pelvis. Mis manos bajaban hasta sus pantalones que desaparecieron en cuestión de segundos. Ahora nuestros cuerpos estaban más juntos. Podía notar su miembro erecto aun con los bóxers, lo que hizo que sonriera pícaramente. Vuelta para acá, vuelta para allá. Me dejaba llevar. Marcos no tardó en deshacerse de mi sujetador y mis braguitas, dejando mi cuerpo totalmente al descubierto. Pero yo tampoco me quedaba atrás y también me hice con sus bóxers. Beso tras beso, respiraciones agitadas, lenguas que saboreaban aromas y pieles desnudas. Sus labios saboreando mis pechos bajando lentamente por la cintura, la pelvis de nuevo hasta llegar a mi intimidad con sus dedos lo que me hacía estremecer y gemir de nuevo. Mientras seguía besándome acariciaba mi intimidad suavemente. Cuando dejo de hacerlo estaba a punto de llegar al éxtasis y le maldije por ello. No podía esperar más necesitaba sentirle dentro de mí, necesitaba sentirme suya.  Así que con una mirada se lo pedí e inmediatamente se colocó para poder entrar en mí, suave y lentamente. Un baile rítmico, desenfrenado, unos besos más intensos. Una sensación placentera, un fuego cada vez más ardiente en nuestro interior, las respiraciones aumentaban, las pulsaciones también. Así durante unos segundos, unos segundos placenteros llenos de amor, que acabaron cuando los dos llegamos al clímax y descansamos nuestros cuerpos aun conectados.
Y ahí estaba yo, en los brazos de aquella dulce persona, unida a él por un gran vinculo, era mío y yo era suya.
-        Te quiero princesa- me dijo mientras me daba pequeños besos en el pelo.
-        Y yo corazón- dije inclinando mi cabeza hacia su mirada para después saborear sus labios.
Me sentía en la gloría, jamás me había sentido tan bien después de entregarme a alguien. Ni si quiera con Joseph, aquel desgraciado que me robó el corazón para acto seguido destrozármelo. Si, aquel que hizo que no volviera a confiar en nadie más, que me hizo creer que era  una puta claramente. Pero no, no lo soy. Con Marcos es todo distinto. Me hace sentir como la princesa de ese cuento, me hace sentir bella, especial y única. Supongo que será por la edad. Es el novio más mayor que he tenido y a esa edad se tiene una cierta madurez y se conoce bien los gustos y preferencias de una mujer.
Mientras pensaba todo esto, Marcos seguía acariciándome el hombro y el pelo. Estaba adormilada pero seguía abrazándole la cintura. Caí en la cuenta que habíamos dejado la cena a medias. Nos faltaba el postre y seguramente Marcos se había quedado con hambre.
-        Oye Marcos, me acabo de dar cuenta que no hemos comido el postre.- dije mirándole a los ojos esperando una respuesta.
-        ¿Cómo que no? Y entonces, ¿esto que ha sido? Para mí esto ha sido el mayor postre que haya probado jamás- dijo riendo pícaramente.
-        Ah muy bonito, con que ahora yo soy tu comida ¿no?- dije a modo de enfado y con el ceño fruncido.
-        No princesa, quiero decir que no necesito un postre para cenar bien. Ya he cenado suficiente y después de esto prefiero quedarme así y no tener que visitar de nuevo el frigorífico- dijo sin dejar de vacilar.
-        Está bien como quieras.

domingo, 7 de noviembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 12 : Segunda Parte

Me dejaba hacer. Necesitaba desconectar del maldito mensaje y tener a Marcos conmigo, estar en sus brazos. Sentía sus caricias como grandes descargas por todo mi cuerpo. Vibraba con solo el roce de su mano en mi espalda. Una caricia bien dada me hacía ver el paraíso. Sé que no es el momento de preguntarle qué somos, pero me muero de ganas por hacerlo oficial. Estoy segura de que con él estaré protegida. Que no me pasará nada. Sería capaz de arriesgar su vida por la mía, lo sé; y eso, egoístamente, me encanta.
Marcos recorría mi cuerpo con gran urgencia, mientras que yo le miraba deseosa y le dejaba paso a sus manos tocando mis brazos; acariciando suavemente mi tripa, consiguiendo un pequeño cosquilleo dentro y fuera de mi ser.
Sé que enamorada no estoy, pero siento algo bastante fuerte y que consigue que esté a gusto a su lado y junto a él.
Me quedé un poco pensativa, pero no se dio cuenta; pues con sus caricias recorriendo mis muslos no dejaba de suspirar. Durante el tiempo que nos miramos a los ojos, supe que él si estaba enamorado. Ese brillo en sus pupilas me sumergió en un abismo tranquilizador. Me sentí culpable en ese momento por no corresponderle de la misma forma. Lo peor, es que ya lo sabe pero hace todo lo posible por que lo sienta, y eso hace que lo quiera y lo admire.
Noté una extrañeza en su actuar, antes de estar tan unidos como nunca. Esto de disfrutar mientras pienso… es alentador a ponerlo en práctica más veces.
Seguía pensando que algo me ocultaba. Sabía que había pensado más soluciones respecto al mensaje, pero quise no seguir con el tema; no solo por lo que nos traíamos entre manos, sino porque quería que me lo contara de su propia boca. La misma que ahora se posa en mi pelvis. Dejé de pensar y solo disfruté. Bajó más hasta el punto de llegar a mi intimidad, que estaba caliente y palpitante. Marcos saboreó como si fuese el mejor manjar y yo disfrute como un gran placer exquisito. Sin importarnos que fuese en el sofá, y que fuese incómodo, él se introdujo en mí, haciendo que sintiera mariposas en todo mi cuerpo. Consiguiendo que notara el inmenso amor que él me procesaba. Compartimos miradas, jadeos, suspiros y sudores.
Terminamos, compartiendo el éxtasis. Me besó tiernamente y cambió de posición en el sofá. Ahora estaba mi cabeza apoyada en su hombro y escuchaba el ritmo acelerado de su corazón. Aún intentábamos acompasar nuestras respiraciones y aclarar nuestros sentidos. Me acariciaba suavemente el pelo, con cariño.
- Te quiero, Michelle. Nunca lo olvides, por favor- me susurró.
- ¿A qué viene eso?- pregunté preocupada por la forma en que lo dijo. Como si se fuese a marchar. Yo me aterré y le abracé muy fuerte mientras cerraba los ojos con gran fuerza, como si así espantase mis miedos y lo que pudiese ocurrir.
- No, por nada.
Hice una pausa.
- Yo también te quiero. Nunca me dejes.
- Eh, Nunca te dejaré, ¿por qué dices eso?
- Por la forma en que me lo has dicho. Parecía… una despedida- dije tristemente.
- Nunca te dejaré, y ahora menos que nunca.
- ¿De veras?- pregunté ilusionada, sin darme cuenta. Me sentía como una cría que tenía pesadillas por la noche.
- Ni lo dudes- contestó serio, mientras me daba pequeños besos en la cabeza- . Solo te lo decía para que no te olvidaras de lo que siento por ti. Quería decírtelo, no hay nada con segundas intenciones.
- Vale. No se me olvida.
- Me parece perfecto- me sonrió.
Quise preguntarle esta vez, si dábamos un paso más. No sabía cómo proponérselo, o como decírselo. Solté el aire excesivo de mis pulmones y empecé a elaborar mi “discurso”.
- ¡Marcos!
- ¿Sí?
- No sé cómo decírtelo- inhalé aire rápidamente- . Quería preguntarte algo, yo…
- ¡Qué pasa Michelle, suéltalo ya!
- ¿Qué somos? Quiero saber si somos amantes, amigos con derecho a roce, novios… o a saber el qué con los tiempos que corren.
- Lo que tú quieras que seamos- contestó con una enorme sonrisa, como si estuviese esperando ese momento con anhelo.
- ¿Pero qué quieres tú que seamos?
- Me encantaría estar contigo durante toda la eternidad.
Incliné mi cabeza, conectando su mirada con la mía. Notaba de nuevo el brillo en sus ojos, creyendo que le hacía dichoso. Eso me alegraba interiormente. Me agarró por los pómulos y me besó dulce y delicadamente. Cerré mis ojos al contacto para sentir profundamente aquel beso. Era como sellar el cambio de nuestra relación. No solo éramos Jefe y empleada, ahora éramos novios. Me alegré sin previo aviso, solté una sonrisilla de tonta enamorada y me ruboricé.
Le abracé fuerte y le besé como si la vida dependiera de ello.
- Te Quiero- solté sin pensar.
- Te amo.
Nos miramos a los ojos y nos sonreímos, siendo cómplices de aquella confesión.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 12 : Primera Parte

Capítulo 12

(Marcos)
¿Un mensaje? ¿Estaba así por un simple mensaje? Tendría que ser muy grave para que se alterara de aquella manera. El pensar que se desmayó y que sufría; temía de esta manera, me encogía de sobremanera el corazón.
Se acercó con las manos temblorosas y los ojos vidriosos; a punto de echarse a llorar. Cuando se sentó en el sofá, posé mis manos encima de las suyas intentando darle tranquilidad; calmándola. Le cogí el móvil para ver el mensaje por mis propios ojos.
“Ten cuidado con lo que haces zorra, te estoy vigilando”.
Inhalé aire secamente y me quedé quieto por un segundo. En un instante pensé en guardar la compostura por el bien de Michelle. Ahora entendía todo a la perfección; su miedo, su estado alterado y su desmayo. Eché el aire contenido y la miré profundamente a los ojos, que los seguía teniendo vidriosos; pues estaba conteniendo las lágrimas. Decidí transmitirle confianza y seguridad.
- Tranquila, princesa. No te va a suceder nada mientras estés conmigo- le dije posando mis manos en su bello rostro. Se le cerraron los párpados por el contacto, lo que provocó que dos lágrimas de sus ojos brotasen.
- Tengo mucho miedo, Marcos- se derrumbó y me abrazó fuertemente, apoyando su mejilla en mi pecho. Yo le acaricié suavemente el pelo mientras sollozaba.
- Shhh. No estás sola, ¿entendido?
Le alce por los hombros y la obligué a que me mirase a los ojos. Era tan vulnerable, tan frágil en este momento… Sentía unas ganas inmensas de protegerla, cuidarla y asegurar su vida aunque la mía dependiera de ello.
- Yo te cuidaré y te protegeré. Si te pasase algo, no me lo perdonaría jamás en la vida- contesté un poco angustiado por pensar que le podría ocurrir algo a aquella criatura indefensa que ahora estaba entre mis brazos y que desearía que estuviese así por el resto de mi existencia. Sabía perfectamente que estaba enamorado de ella, pero aún más ahora; si cabria, desde que probé sus dulces labios.
Ella sin mediar palabra se acercó lentamente a mí, aun con lágrimas en sus preciosos y asombrosos ojos, y me besó. Despacio, como si se fuese a desquebrajar por algún movimiento brusco. No quería romper esa magia, ese momento que estaba experimentando con esta mujer. Me sentía ligado a ella de una manera sorprendente, casi inaudita.
Los besos evolucionaban a apasionados y decidí, a mi pesar, frenar aquello.
- ¿Qué sucede?- preguntó con hipo por los sollozos de antes.
- Nada, cielo. No es que no lo deseé, solo quiero aclarar este tema que te aterroriza fervientemente.
- No quiero hablar de ello- gimió y volvió a abrazarme por la cintura, apoyando su mejilla en mi pecho.
- Y no hablaremos de ello. Solo es dejar claras algunas pautas para asegurarnos de que no te pasará nada malo y puedas hacer tu vida normal sin temor.
- Está bien. Tienes razón. ¿Tienes algo pensado?- cuestionó mientras se limpiaba las lágrimas sobrantes.
- He pensado algunas cosas. Podría acompañarte hasta tu casa cada vez que salgas del trabajo, así estarás más tranquila.
- No quiero molestarte y que dejes el trabajo por mí. Piensa también, ¿qué diría la gente si nos ve marchar juntos?
- No había caído en ello, pero… no pienso arriesgarme a que te suceda algo. Prefiero que la gente sepa que estamos juntos a…- hice una pausa- no quiero ni pensarlo. No quiero perderte, ¿entiendes?
- ¿Y si estás reunido?
- Pues lo dejo a la mitad o me esperas a que salga. Subes a mi despacho y de allí te acompaño.
- Está bien. No te haré cambiar de opinión, ¿verdad?
- Sabes que no- comenté riendo. Ella se rió.
Me encantaba verla sonreír. Me acerqué a ella suavemente y la di un beso húmedo y dulce, saboreando el sabor de su boca. Profundicé el beso, casi como si lo hubiésemos retomado desde donde lo dejamos. Empecé a notar como la temperatura de mi cuerpo subía rápidamente. Ella se dejó llevar y salió grandes suspiros de su boca, haciendo que su aliento me golpease en las fosas nasales; bajando hasta mi garganta, saboreando su aliento. El deseo subió de nivel en pocos segundos; igual que cuando dejas el botón pulsado del mando a distancia para que suba el volumen con más velocidad.
La recosté en el sofá y le di pequeños besos en el cuello, consiguiendo que gimiera aún más. Yo no paraba de darle vueltas a las otras ideas que se me ocurrieron, reconociendo que fueron las primeras que la que comenté solamente a Michelle. Cualquiera de las dos me hubiese bastado, pero era muy pronto. No hemos decidido qué éramos, como para proponerle tal cosa. Estaría loco y comprendía que ella me llamara así, pero estoy loco por ella. Seguía besándola por todo el cuello y gran parte del lóbulo de la oreja derecha, escuchando y notando sus suspiros procedentes de la boca y la nariz cuando ésta la tenía cerrada. Aquello me excitaba demasiado. Expuesta así delante de mí vista, aunque fuese con ropa. Estaba débil para mí y podía tenerla a mi antojo. Puede sonar un poco enfermo, pero aquello me excitaba y hacía que la amase más de lo que ya la amaba.
Mientras seguía jugando con sus orejas y todo su cuello, quise desechar las ideas de mi cabeza; pero no podía. Sabía en mi interior que iba a proponérselo algún día de estos, por muy loco que pareciese. Proponerla el vivir conmigo, sea en su casa o en la mía, me consumía por dentro el no decírselo. A lo mejor era aprovecharme del momento pero no me importaba si estaba cerca de ella.
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