Todo empieza por una venganza... Un nuevo trabajo, una nueva vida cimentada en la noche, un nuevo objetivo, la otra cara de su persona... Dinero, alcohol, drogas, sexo, hombres, stripper. Un mundo en el que nuestra protagonista estará metida solo y únicamente por una razón: Vengarse y encontrar la felicidad.















Muy Recomendada

domingo, 7 de noviembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 12 : Segunda Parte

Me dejaba hacer. Necesitaba desconectar del maldito mensaje y tener a Marcos conmigo, estar en sus brazos. Sentía sus caricias como grandes descargas por todo mi cuerpo. Vibraba con solo el roce de su mano en mi espalda. Una caricia bien dada me hacía ver el paraíso. Sé que no es el momento de preguntarle qué somos, pero me muero de ganas por hacerlo oficial. Estoy segura de que con él estaré protegida. Que no me pasará nada. Sería capaz de arriesgar su vida por la mía, lo sé; y eso, egoístamente, me encanta.
Marcos recorría mi cuerpo con gran urgencia, mientras que yo le miraba deseosa y le dejaba paso a sus manos tocando mis brazos; acariciando suavemente mi tripa, consiguiendo un pequeño cosquilleo dentro y fuera de mi ser.
Sé que enamorada no estoy, pero siento algo bastante fuerte y que consigue que esté a gusto a su lado y junto a él.
Me quedé un poco pensativa, pero no se dio cuenta; pues con sus caricias recorriendo mis muslos no dejaba de suspirar. Durante el tiempo que nos miramos a los ojos, supe que él si estaba enamorado. Ese brillo en sus pupilas me sumergió en un abismo tranquilizador. Me sentí culpable en ese momento por no corresponderle de la misma forma. Lo peor, es que ya lo sabe pero hace todo lo posible por que lo sienta, y eso hace que lo quiera y lo admire.
Noté una extrañeza en su actuar, antes de estar tan unidos como nunca. Esto de disfrutar mientras pienso… es alentador a ponerlo en práctica más veces.
Seguía pensando que algo me ocultaba. Sabía que había pensado más soluciones respecto al mensaje, pero quise no seguir con el tema; no solo por lo que nos traíamos entre manos, sino porque quería que me lo contara de su propia boca. La misma que ahora se posa en mi pelvis. Dejé de pensar y solo disfruté. Bajó más hasta el punto de llegar a mi intimidad, que estaba caliente y palpitante. Marcos saboreó como si fuese el mejor manjar y yo disfrute como un gran placer exquisito. Sin importarnos que fuese en el sofá, y que fuese incómodo, él se introdujo en mí, haciendo que sintiera mariposas en todo mi cuerpo. Consiguiendo que notara el inmenso amor que él me procesaba. Compartimos miradas, jadeos, suspiros y sudores.
Terminamos, compartiendo el éxtasis. Me besó tiernamente y cambió de posición en el sofá. Ahora estaba mi cabeza apoyada en su hombro y escuchaba el ritmo acelerado de su corazón. Aún intentábamos acompasar nuestras respiraciones y aclarar nuestros sentidos. Me acariciaba suavemente el pelo, con cariño.
- Te quiero, Michelle. Nunca lo olvides, por favor- me susurró.
- ¿A qué viene eso?- pregunté preocupada por la forma en que lo dijo. Como si se fuese a marchar. Yo me aterré y le abracé muy fuerte mientras cerraba los ojos con gran fuerza, como si así espantase mis miedos y lo que pudiese ocurrir.
- No, por nada.
Hice una pausa.
- Yo también te quiero. Nunca me dejes.
- Eh, Nunca te dejaré, ¿por qué dices eso?
- Por la forma en que me lo has dicho. Parecía… una despedida- dije tristemente.
- Nunca te dejaré, y ahora menos que nunca.
- ¿De veras?- pregunté ilusionada, sin darme cuenta. Me sentía como una cría que tenía pesadillas por la noche.
- Ni lo dudes- contestó serio, mientras me daba pequeños besos en la cabeza- . Solo te lo decía para que no te olvidaras de lo que siento por ti. Quería decírtelo, no hay nada con segundas intenciones.
- Vale. No se me olvida.
- Me parece perfecto- me sonrió.
Quise preguntarle esta vez, si dábamos un paso más. No sabía cómo proponérselo, o como decírselo. Solté el aire excesivo de mis pulmones y empecé a elaborar mi “discurso”.
- ¡Marcos!
- ¿Sí?
- No sé cómo decírtelo- inhalé aire rápidamente- . Quería preguntarte algo, yo…
- ¡Qué pasa Michelle, suéltalo ya!
- ¿Qué somos? Quiero saber si somos amantes, amigos con derecho a roce, novios… o a saber el qué con los tiempos que corren.
- Lo que tú quieras que seamos- contestó con una enorme sonrisa, como si estuviese esperando ese momento con anhelo.
- ¿Pero qué quieres tú que seamos?
- Me encantaría estar contigo durante toda la eternidad.
Incliné mi cabeza, conectando su mirada con la mía. Notaba de nuevo el brillo en sus ojos, creyendo que le hacía dichoso. Eso me alegraba interiormente. Me agarró por los pómulos y me besó dulce y delicadamente. Cerré mis ojos al contacto para sentir profundamente aquel beso. Era como sellar el cambio de nuestra relación. No solo éramos Jefe y empleada, ahora éramos novios. Me alegré sin previo aviso, solté una sonrisilla de tonta enamorada y me ruboricé.
Le abracé fuerte y le besé como si la vida dependiera de ello.
- Te Quiero- solté sin pensar.
- Te amo.
Nos miramos a los ojos y nos sonreímos, siendo cómplices de aquella confesión.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 12 : Primera Parte

Capítulo 12

(Marcos)
¿Un mensaje? ¿Estaba así por un simple mensaje? Tendría que ser muy grave para que se alterara de aquella manera. El pensar que se desmayó y que sufría; temía de esta manera, me encogía de sobremanera el corazón.
Se acercó con las manos temblorosas y los ojos vidriosos; a punto de echarse a llorar. Cuando se sentó en el sofá, posé mis manos encima de las suyas intentando darle tranquilidad; calmándola. Le cogí el móvil para ver el mensaje por mis propios ojos.
“Ten cuidado con lo que haces zorra, te estoy vigilando”.
Inhalé aire secamente y me quedé quieto por un segundo. En un instante pensé en guardar la compostura por el bien de Michelle. Ahora entendía todo a la perfección; su miedo, su estado alterado y su desmayo. Eché el aire contenido y la miré profundamente a los ojos, que los seguía teniendo vidriosos; pues estaba conteniendo las lágrimas. Decidí transmitirle confianza y seguridad.
- Tranquila, princesa. No te va a suceder nada mientras estés conmigo- le dije posando mis manos en su bello rostro. Se le cerraron los párpados por el contacto, lo que provocó que dos lágrimas de sus ojos brotasen.
- Tengo mucho miedo, Marcos- se derrumbó y me abrazó fuertemente, apoyando su mejilla en mi pecho. Yo le acaricié suavemente el pelo mientras sollozaba.
- Shhh. No estás sola, ¿entendido?
Le alce por los hombros y la obligué a que me mirase a los ojos. Era tan vulnerable, tan frágil en este momento… Sentía unas ganas inmensas de protegerla, cuidarla y asegurar su vida aunque la mía dependiera de ello.
- Yo te cuidaré y te protegeré. Si te pasase algo, no me lo perdonaría jamás en la vida- contesté un poco angustiado por pensar que le podría ocurrir algo a aquella criatura indefensa que ahora estaba entre mis brazos y que desearía que estuviese así por el resto de mi existencia. Sabía perfectamente que estaba enamorado de ella, pero aún más ahora; si cabria, desde que probé sus dulces labios.
Ella sin mediar palabra se acercó lentamente a mí, aun con lágrimas en sus preciosos y asombrosos ojos, y me besó. Despacio, como si se fuese a desquebrajar por algún movimiento brusco. No quería romper esa magia, ese momento que estaba experimentando con esta mujer. Me sentía ligado a ella de una manera sorprendente, casi inaudita.
Los besos evolucionaban a apasionados y decidí, a mi pesar, frenar aquello.
- ¿Qué sucede?- preguntó con hipo por los sollozos de antes.
- Nada, cielo. No es que no lo deseé, solo quiero aclarar este tema que te aterroriza fervientemente.
- No quiero hablar de ello- gimió y volvió a abrazarme por la cintura, apoyando su mejilla en mi pecho.
- Y no hablaremos de ello. Solo es dejar claras algunas pautas para asegurarnos de que no te pasará nada malo y puedas hacer tu vida normal sin temor.
- Está bien. Tienes razón. ¿Tienes algo pensado?- cuestionó mientras se limpiaba las lágrimas sobrantes.
- He pensado algunas cosas. Podría acompañarte hasta tu casa cada vez que salgas del trabajo, así estarás más tranquila.
- No quiero molestarte y que dejes el trabajo por mí. Piensa también, ¿qué diría la gente si nos ve marchar juntos?
- No había caído en ello, pero… no pienso arriesgarme a que te suceda algo. Prefiero que la gente sepa que estamos juntos a…- hice una pausa- no quiero ni pensarlo. No quiero perderte, ¿entiendes?
- ¿Y si estás reunido?
- Pues lo dejo a la mitad o me esperas a que salga. Subes a mi despacho y de allí te acompaño.
- Está bien. No te haré cambiar de opinión, ¿verdad?
- Sabes que no- comenté riendo. Ella se rió.
Me encantaba verla sonreír. Me acerqué a ella suavemente y la di un beso húmedo y dulce, saboreando el sabor de su boca. Profundicé el beso, casi como si lo hubiésemos retomado desde donde lo dejamos. Empecé a notar como la temperatura de mi cuerpo subía rápidamente. Ella se dejó llevar y salió grandes suspiros de su boca, haciendo que su aliento me golpease en las fosas nasales; bajando hasta mi garganta, saboreando su aliento. El deseo subió de nivel en pocos segundos; igual que cuando dejas el botón pulsado del mando a distancia para que suba el volumen con más velocidad.
La recosté en el sofá y le di pequeños besos en el cuello, consiguiendo que gimiera aún más. Yo no paraba de darle vueltas a las otras ideas que se me ocurrieron, reconociendo que fueron las primeras que la que comenté solamente a Michelle. Cualquiera de las dos me hubiese bastado, pero era muy pronto. No hemos decidido qué éramos, como para proponerle tal cosa. Estaría loco y comprendía que ella me llamara así, pero estoy loco por ella. Seguía besándola por todo el cuello y gran parte del lóbulo de la oreja derecha, escuchando y notando sus suspiros procedentes de la boca y la nariz cuando ésta la tenía cerrada. Aquello me excitaba demasiado. Expuesta así delante de mí vista, aunque fuese con ropa. Estaba débil para mí y podía tenerla a mi antojo. Puede sonar un poco enfermo, pero aquello me excitaba y hacía que la amase más de lo que ya la amaba.
Mientras seguía jugando con sus orejas y todo su cuello, quise desechar las ideas de mi cabeza; pero no podía. Sabía en mi interior que iba a proponérselo algún día de estos, por muy loco que pareciese. Proponerla el vivir conmigo, sea en su casa o en la mía, me consumía por dentro el no decírselo. A lo mejor era aprovecharme del momento pero no me importaba si estaba cerca de ella.
*****

martes, 26 de octubre de 2010

"Vida Sin Luz" Capitulo 11: Segunda parte

Me desperté con el sonido de mi móvil una vez más, un mensaje. Me había quedado dormida en el sofá con el teléfono en la mano aun y con su último recuerdo en mi mente. Pero lo más extraño era que a pesar de que solo me había quedado dormida dos horas, también él estuvo a mi lado, en un magnifico sueño. Me incorporé con una sonrisa en la cara decidida a coger el móvil. Eran las nueve y media de la noche y aun no había cenado. ¿De quién sería el sms? ¿Marcos? Si por favor, le echaba de menos… Cogí el móvil y abrí el mensaje. Mi sorpresa fue cuando vi que era de un número oculto, pero cuando leí…
“Ten cuidado con lo que haces zorra, te estoy vigilando”
¿¡Cómo!? ¿¡Qué?! ¿Quién sería, quien se atrevía a llamarme zorra? Esto era el colmo.
-        ¿Te estoy vigilando?... Mmmm…  ¿Quién me puede estar vigilando, que quiere?- me repetía a mí misma.
Releí el sms de nuevo, empecé a sentir miedo, me puse como loca a mirar de arriba abajo todo el salón en busca de algo así como una cámara oculta de estas de las películas. Mientras no paraba de repetirme en mi cabeza “¿Quién será Michelle? Piensa, tranquila no puede hacerte nada…”
Tenía miedo, empezaba a sentir escalofríos por todo mi cuerpo. Si era una persona podía hacerme lo que fuera. ¿Y si me secuestran? O peor aún, ¿me violan? O no, o peor aun más ¿y si me matan? La histeria se apoderaba de mí, la impotencia y el miedo me jugaban malas pasadas y una lágrima empezaba a resbalar por mi mejilla. Andaba inquieta por el salón sin saber qué hacer. Pensé en Marcos. Estaba claro que él no podía ser. ¿O tal vez si? No, no podía estar engañándome de esa forma. Así que enseguida me quité esa idea de la cabeza sacudiéndola de un lado para otro.
Esa noche no podría dormir sola, el miedo era cada vez más grande. Necesitaba a alguien a mi lado. Primero pensé en Soraya, pero luego me di cuenta que no era cuestión de molestarla y mandarla a dormir conmigo por esa tontería ya que querría dormir con su novio seguramente al ser viernes. Entonces me vino Marcos a la cabeza. Sí, llamaré a Marcos y le contaré lo que ha pasado. Seguro que si le pido que se venga no me dejará sola.
Así que decidida y con las manos temblorosas a causa del miedo cogí el móvil de mi bolso y busque su número en la agenda. “Marcos” marcar, “Marcos llamando” Piiii…. Pii…. Piii… Por fin al tercer toque me lo cogió, esos segundos se me hicieron eternos.
-        Hola cariño, ¿Cómo estas?
-        Marcos… yo... ten.. tengo… que…- las palabras se me trababan, no conseguía articular bien, las lágrimas se amontonaban en mis ojos, las piernas me temblaban, pero no podía sentarme. Estaba hiperactiva.
-        ¿Michelle? ¿Ocurre algo? ¿Estas bien?- me preguntó alterado.
-        Por favor, te necesito… ten… tengo miedo- terminé de decir con la voz temblorosa y sollozando.
-        Pero ¿Qué ha pasado cielo? Cálmate y cuéntame.
-        Yo.. no .. no pue… Pi pi pi pi…- el sonido de finalización de la llamada alteró a Marcos.
-        ¿Michelle? ¡Michelle!- decía Marcos al otro lado hablando solo mientras escuchaba el fin de llamada.
Intenté explicárselo a Marcos cuando me preguntó que le contara que pasaba, pero un nudo en la garganta me impedía hablar, mis piernas temblaban con más brusquedad y empezaba a marearme y a no ver bien. Caí redonda al suelo al igual que el móvil que se rompió en mil pedazos. No recuerdo cuanto tiempo estuve inconsciente, solo sé que cuando abrí los ojos, pude contemplar una gran belleza a mi lado. Marcos estaba ahí.
………………………………………………………………
(Marcos)
Estaba en casa viendo la tele, o más bien con la tele encendida porque no veía nada en particular. Seguía pensando como planear mis vacaciones sorpresa de Semana Santa con mi querida Michelle. De repente sonó el móvil. ¿Quién sería? Miré la pantalla. Es Michelle, que dulce, se acuerda de mí. Respondí. La saludé dulcemente, pensé que me echaba de menos o se acordaba de mí y querría hablar un rato. Pero cuando oí su voz empecé a preocuparme. Sus palabras eran tartamudeantes, su voz temblaba, se notaba que tenía miedo, estaba aterrada. Algo estaba ocurriendo y quise preguntarle antes de perder los nervios.
Cuando le pregunté me dijo que tenía miedo con las mismas palabras, no lograba articular bien ni acabar las frases. Decía que me necesitaba. ¿Pero qué narices ocurría? Intente calmarla y que me contará para saber donde estaba si en casa o en cualquier otro lado.
Pero mi sorpresa fue su respuesta:
-        Yo… no… no pue… Pi pi pi pi…- se había colgado y antes de eso había sonado un gran estruendo.
Empecé a perder los nervios. Michelle me necesitaba, ¿Y si la ha pasado algo? Tengo que averiguarlo, no puedo perder más tiempo.
Así que sin pensármelo dos veces cogí la chaqueta y las llaves del coche y salí de casa como alma que lleva el diablo. Aceleré todo lo que pude con el coche para llegar a su casa lo antes posible. Aparqué en doble fila, no me molesté en encontrar sitio. Me bajé del coche y corrí hacia el portal. Llamé pero Michelle no contestaba, no podía entrar. Empezaba a ponerme nervioso, a preocuparme seriamente. Llamé como loco a todos los porteros intentando que alguien me abriera. Después de unos minutos que se me hicieron eternos una voz parecida a una anciana me contestó y me abrió sin fiarse demasiado. Entré y subí las escaleras corriendo de dos en dos. No podía perder ni un minuto, tenía que estar a su lado. Llegue a su puerta llame unas cuantas veces aunque sabía que nadie me abriría.
-        Argghhh, piensa Marcos, piensa, estás puertas no se pueden tirar así como así- me decía a mí mismo.
Entonces caí en la cuenta y recé para que aun tuviera en mi bolsillo alguna tarjeta de crédito o algo por el estilo con lo que poder abrir la cerradura.
Gracias a dios tenía el tarjetero en el pantalón. Saqué una tarjeta e intenté abrir la puerta pasándola. Un intento y nada. Otro intento y tampoco. Era imposible. Lo intenté de nuevo dando unos golpecitos a la puerta y al final… ¡tachan! La puerta se abrió como por arte de magia.  Entré sin pensármelo dos veces y allí estaba Michelle. ¡En el suelo! Desmayada con el móvil alrededor roto en mil pedazos. Corrí hacia ella nervioso. “No por favor que siga viva, no te la lleves dios mío”- pensaba para mis adentros, histérico. Comprobé que aun respiraba. Estaba viva, pero inconsciente. ¿Qué hacia? La cogí del suelo y la tumbé en el sofá como pude. Intenté darle palmaditas en la cara para despertarla, pero no funcionaba, era lógico. Había oído algo de que cuando una persona se desmalla si no es muy grave, con un poquito de agua reacciona y puede despertarse. Así que lo intenté y corrí hacia la cocina a por paños mojados de agua fría. “Por favor que funcione”- me repetía una y otra vez. Volví al sofá y aun seguía allí inconsciente, hermosa y frágil. Le puse los paños por la cara y la frente, estrujándolos para que el agua cayera por sus mejillas.
-        Por favor despierta Michelle, no te vayas…- decía hablando en alto con mis ojos vidriosos por la desesperación. Apoyé mi cara en su abdomen, intentando taparme las lágrimas que empezaban a caer de mis ojos.
Pero entonces… noté que despertaba y alcé la cabeza rápidamente. Lentamente abría sus ojitos desorientada, mirando de un lado a otro, hasta que su mirada se fijo en mí.
Ahora yo seguía llorando pero de alegría. Había despertado, estaba viva.
-        Mmm…. ¿Qué ha pasado?- me dijo con su voz angelical.
-        Qué alegría, estás despierta. Pensé que te perdía cariño. Te desmayaste Michelle, me has dado un susto tremendo- dije llorando de la emoción.
-        Marcos… No llores. Oye, ¿yo no estaba hablando contigo por teléfono? ¿Cómo has entrado? ¿Has venido hasta aquí para ayudarme?
-        Estábamos hablando por teléfono y de repente se cortó antes de escuchar un gran golpe. Me asuste y me temí lo peor. No podía hacer otra cosa. He venido lo más deprisa que he podido. Me aterraba la idea de que te fueras de mi lado preciosa- dije mirándola profundamente a los ojos.
-        Oh Marcos, eso es... maravilloso. Abrázame.- dijo incorporándose y abriendo sus brazos.
La abracé como nunca la había abrazado, con fuerza, como si no la hubiera visto desde hace años, como si se marchará para siempre en ese tren y nunca volviera. Sentía su respiración, un pequeño detalle que en esos momentos era motivo de celebración para mí.
-        Te quiero- me susurró al oído.
-        Y yo a ti princesa- le dije con una sonrisa mientras aun seguíamos abrazados.
……………………………………………………………………
Desperté y ahí estaba él llorando con su cabeza en mi abdomen. No recordaba que había pasado y que hacía en el sofá. Marcos me contó que me había desmayado mientras hablaba con él por teléfono, que había venido corriendo a ayudarme porque temía por mi vida. Ahora lloraba de felicidad, el brillo de sus ojos era especial. Le pedí que me abrazara, me había ayudado y había forzado la cerradura para estar a mi lado. Marcos era magnifico, ¿Quién habría hecho eso por mi? Nadie. Le confesé al oído que le quería y él me respondió con un “Y yo a ti princesa”. Sonreí, daba gracias por tener a mi lado a una gran persona como él.
En ese momento recordé el motivo de la llamada a Marcos. Me separé de su abrazo bruscamente y pensé en alto.
-        ¡El mensaje!- grité con los ojos como platos, aterrada y mirando a Marcos.




miércoles, 20 de octubre de 2010

"Vida sin Luz" Capitulo 11: Primera parte

A las dos llamadas Soraya me cogió el teléfono. No pensé si la pillaría ocupada aunque suponía que un viernes por la tarde… No andaría muy lejos.
-        ¿Sí? - preguntó ella sin saber quien hablaba detrás del teléfono.
-        Como que ¿si? ¿Es que ni si quiera tienes grabado mi numero en el inalámbrico ni sabes quién soy? – dije bromeando y a carcajadas. Mi buen humor no me lo quitaba nadie después de ese día con Marcos.
-        Que boba, es que estábamos viendo una peli y lo he cogido deprisa sin mirar quien era. ¿Cómo está mi querida Michelle?
-        Pues últimamente genial.
-        Uy… aquí hay gato encerrado. Ya puedes contarme que pasa eh que te veo demasiado feliz…
-        Oye, oye, a ver si no voy a poder estar feliz ahora eh…- dije aparentando estar molesta.
-        No te digo que no lo estés, pero después de la semanita que me has dado con tu jefe…
-        Ais… si pero ahora…
-        Espera, espera. Déjame adivinarlo… Mmm… has cambiado de opinión y ¡te lo has tirado!- dijo Soraya bruscamente.
-        Alaa!! Venga, ¿por qué no eres más bruta?
-        Si, pero que he acertado ¿verdad?
-        Pues bueno… la verdad es que… - pero mi amiga no me dejo continuar.
-        ¡Lo sabia! Si es que lo sabía tengo un don para esto. Cuéntamelo todo ehh.
-        Que exagerada eres. Pues es largo de contar ya quedaremos mañana si quieres que no quiero interrumpir tu película. Pero en resumidas cuentas… me ha cogido por sorpresa después de mi turno en el cuarto de la limpieza. Me ha pedido que le escuche y bueno una cosa ha llevado a la otra y…
-        Y lo habéis hecho ahí a palo seco ¿no?
No pude evitar reírme ante el comentario de mi amiga, ella siempre tan humorista y tan bruta con estas cosas.
-        Que bruta eres cariño. Pero si. Y lo mejor es que después esta tarde ha venido a mi casa y me ha regalado un ramo de rosas. ¡Más bonito! – mi voz parecía a de una quinceañera enamorada…
-        Tendrías que oírte Michelle. Estás enamorada ehh…
-        ¿Yo? Que dices… no…
-        No pasa nada, es normal que te guste, hasta a mi me gustaría. Es tan mono…
-        Oye rica cállate que tu amorcito como te oiga… ¡Además es mío!
-        Ja ja, tranquila, todo tuyo, yo me quedo con el mío. Mañana hablamos y me cuentas con más detalle. ¿Te viene bien que quedemos?
-        Pues de momento si, por la mañana a tomar un café, a las 10 en mi casa ¿vale?
-        Muy bien, allí estaré. Hasta mañana ¡enamorada! - se despidió riéndose.
-        ¡Adiós bruta!- dije yo también riéndome.

Colgué el teléfono, recordando las palabras de mi amiga Soraya. ¿Realmente estaba enamorada? No, no puede ser. ¿Enamorada en un día? ¿Dos? No, imposible. Solo me gustaba y estaba a gusto con Marcos, solo eso. No quería correr. Además el miedo a seguir sufriendo aun permanecía en mí, pero tenía la mínima esperanza que Marcos no fuera así, asique por algo me decidí a arriesgarme. Pero una cosa no tenía que ver con la otra. Aunque me hubiera arriesgado y diera el paso no iba a ir tan deprisa como para estar ya enamorada de mi jefe.
Esbocé una sonrisa y mi vista se dirigió a aquel precioso ramo de rosas colocado en el jarrón en la cocina. Su imagen vino a mi mente, sus besos, su sonrisa. Ya le extrañaba y no hacía ni una hora que se había marchado. ¿Era posible eso? Pues si lo era…
Y ahí seguía yo, recostada en el sofá con el inalámbrico aun en la mano, en las nubes, pensando cómo no…, en él… Y así me quedé dormida, una vez más en el sofá, pero con su imagen en la cabeza y como protagonista de mis sueños, él, mi querido Marcos.
………………………………………………………………..
(Marcos)
Salí de su casa feliz, me sentía vivo, lleno, pleno, como si volviera a respirar aire puro. Michelle, Michelle… Llevaba su nombre en mi cabeza, no podía borrar su imagen de mis pensamientos, su sonrisa, aquellos minutos en el cuarto de la limpieza esa misma tarde. Está claro que tenía miedo, pero al final se dejo llevar. Pensé que quizás malinterpretaría mi forma de actuar. Pero esta tarde en su casa, ha sido fantástico. Me sentía a gusto con ella, me encantaba, era guapa, inteligente, lista, cariñosa… Tenía todo lo que me gustaba… Y supe que tenía que hacer lo que fuera para conseguirla, pues después de lo de su ex, no sería fácil conquistarla. Pero por fin lo conseguí, esa tarde lo conseguí. Y ahora me sentía el hombre más afortunado del mundo. Quería ir más allá de unos simples besos con mi empleada, con esa dulce y tierna chica que me tenía fuera de sí. Que me había enamorado desde el primer día que la vi, que había luchado por ella día y noche. Pero esa lucha había merecido la pena. Hoy Viernes de un Marzo cualquiera, la tenía junto a mí. La había sentido tan dentro de mi… Era increíble, jamás pensé que pudiera llegar tan lejos con aquella dulce criatura… Con su sonrisa angelical, pero a la vez tan madura… Era perfecta. Aquel ramo de rosas le encantó, estoy seguro. Fue un gran detalle. Espero verla mañana, ya la echo de menos.
Llegué a mi casa y me tumbé en el sofá agotado. Sin dejar de pensar en ella caí en algo importante. Dentro de poco llegarían las vacaciones de semana santa. Por lo qué, bueno, estaba claro que los hoteles no teníamos vacaciones, pero yo que era el jefe me las podría dar y siempre podría elegir a quien llevarme. En esos momentos por mi mente pasó una idea maravillosa. Una semana de vacaciones perfecta a su lado, nos fugaríamos, nos libraríamos del trabajo por una semana, nos iríamos lejos, sería una sorpresa. No quería que se enterara, ya sabía cómo hacerlo. Solamente tenía que plantarme en su casa el fin de semana que empezaban las vacaciones y llevármela lejos, disfrutar una semana a su lado.
 ¿Qué destino Marcos? Me preguntaba una y otra vez. Quería que fuera original, no hacía mucho frio ya, de hecho para ser Marzo hacía calor y la previsión del tiempo daba buenas temperaturas para Semana santa.
-        ¡Ya está!- me dije para mi mismo.- La playa.
Si, una casita cerca del mar aunque el tiempo no acompañara para bañarnos estaría genial. Buenas vistas, romántica… Un plan perfecto, para la chica perfecta.
Tenía que planearlo todo, alquilar la casa, remover cielo y tierra, pero estaba dispuesto a hacerlo por ella. Se lo merecía.
Por un momento me pare a pensar.  ¿No vas demasiado deprisa Marcos? Aun no habíamos dejado claro lo que éramos. Ni si quiera sabía lo que ella pensaba de mi. Da igual se lo dejaría claro dentro de poco.
Aun quedaba una semana más para las vacaciones y esa escapada a la playa que aun ella no sospechaba nada. Aun faltaba una semana más de trabajo, pero al menos ella siempre estaba en la recepción con su humilde sonrisa para alegrarme todas las mañanas de mí aburrido puesto como jefe de ese gran hotel.
Y así terminó aquel viernes, un viernes perfecto con mi querida Michelle toda la tarde, incluso toda la noche en un precioso sueño tan real como su belleza, tan real que pareciera que la tuviera a mi lado durmiendo plácidamente…
……………………………………………………………..

sábado, 9 de octubre de 2010

"Vida sin luz" Capitulo 10: Segunda parte

Correspondí su beso y me dejé llevar por ese magnífico momento. Cerré de nuevo los ojos cuando noté que Marcos había llegado a mis pechos, acariciándolos por encima de la blusa. Me desabrochó cada botón con una delicadeza asombrosa. Cuando terminó de desabotonar el último, abrió la blusa y me la quitó con cuidado por si me hacía daño. La verdad que era un amor. Comenzó a saborear mis pechos antes de quitarme el sujetador. Yo estaba tumbada, extendiendo los brazos a lo largo de la cama y con los ojos cerrados disfrutando del placer que Marcos me otorgaba. Él iba bajando lentamente hasta que llegó a mi falda. Hoy me había puesto una falda de tablas color granate; estaba harta de los pantalones y me apetecía ponérmela. Deslizó la falda hasta mis tobillos y me la quitó del todo, descalzándome los zapatos a su vez. Estaba de pie admirándome. Lo vi porque noté la ausencia de sus caricias en mi cuerpo. Cuando se dio cuenta que abrí los ojos para ver que sucedía, soltó una media sonrisa que me fascinó y observé cómo se acercaba a mis labios para morderlos sensualmente. Desde ahí era como si tuviese un camino por recorrer. Empezó dando pequeños besos y mordeduras por la mandíbula, se movió por el cuello; lo que provocó que se me erizara la piel y soltase un suspiro. Marcos siguió bajando hasta mis pechos, donde me bajó el sujetador, rozando mis pezones y consiguiendo que se me endurecieran al tacto de sus dedos. Se entretuvo ahí durante un tiempo, haciendo que jadeara. Continuó descendiendo por mi abdomen, lo que hizo automáticamente que yo encogiera la tripa hasta llegar a mi pelvis. Tenía un tanga negro con encajes plateados, adornando en la goma superior un lazo negro con dos bolitas de plata. Estaba demasiado excitada y él estaba demasiado cerca de mi intimidad. Colocó su nariz en mi clítoris y cogió un poco de aire. No sé por qué pero esa escena me excitó aún más, lo que hizo que Marcos se diera cuenta y conectara sus ojos con los míos y me dedicara su sonrisa torcida. Me despojó de mi ropa íntima muy despacio, casi de una manera sensual, lo que hizo que me volviera un poco loca. Después de quitármelo, me abrió lentamente las piernas, haciendo que yo notase la abertura de mis partes. Solté un gemido  por eso. Con cara de deseo comenzó a acercarse a mi intimidad y lo empezó a saborear con su lengua; recorriéndolo todo mientras yo ahogaba mis gemidos mordiéndome el labio inferior. Marcos me miraba de vez en cuando, lo mismo que yo a él. Veía en mi rostro la lujuria, la excitación y la pasión; sin contar con la desesperación que comenzaba a brotar en mi interior por sentirlo dentro. Yo sentía como su lengua entraba y salía de mí, pero lo hizo una vez más y se incorporó; dejándome tal cual y mirándole con cara de deseo y gruñéndole en voz baja. Se liberó de toda su ropa y la dejó en el suelo. Estaba desnudo delante de mí, lo que consiguió que me encendiera más. Se veía muy excitado; ya que dejaba entre ver su miembro. Se acercó sigilosamente a mí. Con un pequeño movimiento, miró hacia abajo y luego me penetró tiernamente, con amor y un poco de brusquedad por la pasión que sentíamos los dos. Ambos gemimos al unísono, lo que provocó que Marcos empezara a moverse más rápidamente. Por la excitación que sentía, yo clavaba mis uñas en su espalda y él gruñese por el contacto. Estuvimos así durante varias veces hasta que llegamos al clímax a la vez.
- Eres maravillosa- dijo Marcos aun con la respiración entrecortada, sudando y dándome besos en la cabeza.
Sonreí.
- Tú tampoco has estado nada mal.
- Ya, pero sin ti, esto no hubiese ocurrido- contestó mirándome a los ojos casi consiguiendo que su respiración volviese a la normalidad. Me dio un beso dulce y tierno mientras me sonreía.
- ¿No tenías que estar trabajando a estas horas?- pregunté ya más calmada, acariciándole el pelo mientras él estaba abrazado a mí y apoyando su cabeza en mi pecho desnudo.
- Si pero pasé a saludarte. ¿Ya me echas?- respondió haciéndome un puchero de lo más encantador.
- No te echo, solo era una pregunta. Pues vaya saludos que me das- sonreí.
- ¿No te gustan?- volvió a ponerme el mismo puchero mientras intentaba ocultar su sonrisa.
- No me gustan, me encantan- di por finalizada la conversación con una sonrisa y un beso casto en los labios.
Me incorporé para darme una ducha, pero Marcos me agarró del brazo y se empujó suavemente contra su cuerpo. Agarró mi cabeza con sus dos manos, delicadamente y me dio un beso tierno, amoroso… nuestras lenguas se entrelazaban y tenían una lucha por quien era el que ganara al otro. Era un beso suave y maravilloso. Saboreamos nuestros labios como el mejor manjar. Me giró y se desprendió del beso. Se despidió con la mano mientras sonreía y se metió al baño. Con cara de sorpresa y aun anonadada, me quedé como tonta mirando la puerta. Me había hecho trampas para entrar a la ducha primero. Sonreí por ese pequeño juego o broma entre nosotros. Miré a mi alrededor y aún estaban encendidas las velas de la habitación asique, mientras Marcos salía del baño para poder ducharme, comencé a apagar las velas una por una para que no se consumieran y pudiese pasar algo. Salí al salón e hice lo mismo con las de la mesa. Subí la persiana un poco para que entrara claridad; el suficiente para que los vecinos no nos viesen desnudos.
Al poco rato, Marcos salió del baño y me abrazó nada más verme; haciendo que me encogiera estando aún mojado y por lo frio que estaba. Sonreímos por el contacto de nuestra piel. Le empuje suavemente y me dirigí al baño. Antes de encerrarme vi como él me sonreía y me miraba de arriba abajo. Me adentré en la ducha y dejé que corriera las gotas por mi cuerpo. Estaba en la temperatura exacta; templada. Empecé a pensar en todo lo vivido ese día. En cómo comenzó la conversación con Marcos y como acabamos en el cuarto de la limpieza haciendo el amor o teniendo sexo; la verdad, no lo sé. Habría que hablarlo. Después de ahí, me vine a casa y al poco rato se acercó mi jefe a mi casa para traerme unas flores. Sonreí al recordar la escena. Aún seguía dejándome acariciar por los chorros de la ducha en mi cabeza, en mi cuerpo; haciendo que me relajara al instante y solo pudiese memorizar los momentos vividos con Marcos. Ha sido un día maravilloso, pero aún no terminó. Eran las siete de la tarde, que yo recordara, por la última vez que miré el reloj. Sin darme cuenta estuve por lo menos media hora debajo de la ducha y ni pensé que Marcos seguía en mi casa. Salí del baño con una toalla enroscada en mi cuerpo y otra en mi pelo. En la habitación no estaba, asique me dirigí al salón; donde estaba sentado viendo la televisión. Sonreí al ver esa escena, como si fuese mi pareja. No sabía de momento si lo era o iba a serlo. Me miró y sonrió nada mas haberlo hecho. Se incorporó y se dirigió a la puerta.
- Me ha encantado estar un par de horas contigo, princesa- se despidió Marcos en el umbral de la puerta.
- Lo mismo digo- le sonreí.
Nos fundimos en un cálido beso dulce y tierno. Entrelazamos nuestras lenguas como si fuese un pulso. A los pocos instantes nos separamos a nuestro pesar. Por nosotros, o por mí, me quedaría besándolo todo el día. Me dedicó una media sonrisa, me dio un casto beso y se fue diciéndome adiós con la mano. Cerré la puerta y suspiré, apoyando mi espalda contra ésta. En este momento estaba feliz asique, qué mejor manera de manifestarlo que llamando a mi amiga Soraya. Me encaminé hacia el sofá y cogí el inalámbrico de la mesilla dispuesta a marcar su número.

domingo, 3 de octubre de 2010

"Vida Sin Luz" Capítulo 10 : Primera Parte

Capítulo 10

Llegué a casa con una sonrisa impresa en mi cara. En todo el trayecto del trabajo a mi sofá no había parado de imaginarme a Marcos. Estaba en mis pensamientos. Desde que salí del hotel no dejé de sonreír como una estúpida, pero no me importaba. Estaba feliz, aunque había algo en mí que me decía que todo lo bueno se acaba. En vez de amargarme, decidí disfrutar mientras durara esa felicidad. Coloqué todas mis cosas antes de acomodarme mejor y no moverme en lo que restaba de día. No tardé mucho, asique me fui directa al sofá a ver un poco la televisión. A los pocos minutos, mi móvil sonó.
“Para que sepas que me acuerdo a cada segundo de ti. Te quiero. Marcos”.
Mi sonrisa se ensanchó. Tenía una gran felicidad en el pecho y sentía que pronto se me iba a salir de tan rápido que me latía. Sé que no estoy enamorada de él pero si muy ilusionada. Estoy harta de sufrir, de negar lo inevitable y quedarme siempre a las puertas de la felicidad porque el miedo me lo impide. Decidí contestar al mensaje; me sentía como una adolescente que quería estar mandándose mensajes constantemente con el chico que le gusta. Sonreí mientras lo pensaba.
“Yo también me acuerdo de ti. Un beso. Michelle”.
A los pocos instantes el timbre sonó. Me extrañé porque no esperaba a nadie. Me levante y abrí la puerta. Al otro lado había un hombre, o alguien; ya que solo le veía de cintura para abajo porque le tapaba el resto del cuerpo un ramo de rosas. Automáticamente sonreí por pensar que fuese Marcos.
- ¿Marcos?
- ¿Cómo sabes quién soy?- preguntó sorprendido mientras retiraba el ramo y sonreía. Se le veía guapísimo mientras sonríe.
- Nadie me viene a traer flores- contesté riendo.
- Eso espero, sino… les corto las piernas a cualquiera que se te acerque- dijo en tono enfadado pero bromeando, mientras posaba la mano donde sujetaba las flores en mi cintura y me acercaba a darme un cálido y húmedo beso. Al empujarme suavemente, me incline hacia atrás y le devolví el maravilloso beso que me estaba brindando, apoyando con las dos manos en su maravillosa cara.
Le hice pasar mientras él me ofrecía coger las flores que traía. Fui a la cocina a meter las rosas dentro de un jarrón lleno de agua. Cuando regresé al salón, Marcos estaba de pie al lado del sofá y sonriendo como si nunca hubiese roto un plato. El salón se notaba más oscuro, o mejor dicho, con menos luminosidad. A medida que me iba acercando, él seguía sonriendo hasta que vi encima de la mesa un par de velas encendidas.
- ¿Y esto?- pregunté entre extrañada y asombrada.
- Un… detalle para darte las gracias.
- Las gracias… ¿Por qué?
Me dedicó una media sonrisa, comenzó a dar pequeños y lentos pasos mientras arrancaba a hablar.
- Por darme esta oportunidad de intentarlo contigo, por hacerme el hombre más dichoso estando conmigo, porque no te voy a defraudar y por dejar hacerte feliz- cuando terminó, posó sus manos en las mías y me sonrió más abiertamente. Yo no pude gesticular palabra. Todo lo que me había dicho era tan bonito… Solo le pude responder acercándome a él, pasando mis brazos alrededor de su cuello y empujándolo hacia mi boca. Nos fundimos en un beso apasionado, lleno de ternura, pasión, amor… muchos sentimientos en un solo beso. Él me pasó la mano por la nuca, mientras la otra la posaba en mi cintura. El beso se convirtió en deseo, en urgencia y desasosiego, como buscando la calma de nuestros corazones. Nos separamos saboreando el ultimo roce de nuestros labios, haciéndolo sonoro por el amor que sentíamos.
Lo agarré de las muñecas y le arrastré al sofá para sentarnos. Apoyé mí cabeza en su hombro para estar más cómoda y cerca de él. Estiré las piernas en el resto sobrante del mueble y entrelazamos los dedos mientras nos mirábamos, sonriendo como tontos. Marcos me acercó a él y me besó en la cabeza como signo de ternura, mientras yo entrecerraba los ojos para sentirlo.
- ¡Guapa!- susurró Marcos de repente mientras me acariciaba la mejilla.
Ronroneé.
Él me sujetó por la barbilla y me subió la cabeza, dejando mi boca a pocos milímetros de la suya. Comenzó a acercarse un poco más y nos fundimos en un maravilloso beso. Tanta ternura, pasión y amor juntos me deja aturdida, embobada. Pasé mi mano por su nuca para así acercarlo más a mí y el beso sea más profundo. Marcos bajó de mi barbilla a mi cintura, acariciando mi pecho izquierdo. Solté un suspiro en su boca y el soltó una media sonrisa. Yo también sonreí. Los besos se volvieron más urgentes, deseosos y bruscos. El fuego empezaba a crecer en nuestros cuerpos como si avivasen la llama de una chimenea. Nos besamos más deprisa y con más ferocidad. No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos así pero me parecieron segundos. Noté como Marcos me agarraba por debajo de las rodillas y por la cintura. Me había levantado en sus brazos y me estaba trasladando al dormitorio, pero no me di cuenta hasta que me dejó en la cama. Seguimos besándonos con la misma brusquedad que antes pero aun con ternura. Desprendió sus labios de los míos y se entretuvo en mi cuello. Yo aproveché para abrir los ojos y vi que toda la habitación estaba iluminada con velas; las mismas que el salón. Me quedé sin palabras.
- ¿Cuándo has hecho todo…?
- Shhh. Eso no importa ahora- me interrumpió susurrando mientras volvía a posar sus labios en los míos.

martes, 28 de septiembre de 2010

"Vida sin luz" Capitulo 9: Segunda parte

Llegó el viernes, final de semana de nuevo. Por fin, deseaba que mi turno terminara y poder tener dos días seguidos sin ver a mi jefe. La mañana pasó tranquila, aquel día Marcos ni si quiera se pasó por la recepción. Se me hacia extraño, acostumbrada a verle todos los días cara a cara. Pero bueno, mejor así, mi último día de la semana sin su presencia. ¿Tanto asco le tenía? No, que va, solo intentaba aparentarlo.
Llegaron las cuatro, hora en el que ese día finalizaba mi turno como recepcionista. Cansada, me dirigí de nuevo a la taquilla. No había moros en la costa, ni rastro de Marcos por aquel pasillo. Qué extraño. Saqué la bolsa junto con mi bolso de la taquilla, la cerré y entre en el cuarto de baño dispuesta a deshacerme de aquel horroroso uniforme. Me avisaron en cafetería que se había caído un vaso y se rompió. Fui al cuarto de la limpieza mientras me venían recuerdos del lunes. Recogí todo y lo eché a la basura para después volver al cuarto de limpieza a dejar los utensilios. Pero cuando me di la vuelta después de cerrar la puerta, de mi garganta salió un grito de miedo.
Allí estaba Marcos tapándome la boca para que no gritara. Me había pegado tal susto que tenía el corazón en la garganta.
-        Sshhh, calma pequeña, no quería asustarte- dijo Marcos quitando la mano de mi boca.
-        Pues lo has conseguido, casi se me para el corazón- dije llevándome una mano al corazón y respirando velozmente aun sobresaltada.- Pero bueno, ¿se puede saber que quieres ahora?
-        Solo te pido que me escuches por favor, déjame hablar. Te lo suplico. Dame cinco minutos. Y no digas nada.- me pidió con aquella mirada suplicante que era imposible decir que no.
-        Uff- resople girando la cabeza- Esta bien, dime, habla, te escucho, pero cinco minutos.
-        Tranquila, solo cinco minutos- dijo con una sonrisa de satisfacción y carraspeó para comenzar a hablar mientras aun sujetaba con su mano mi muñeca para no dejarme escapar- Veras Michelle, no sé por dónde empezar. Por un lado siento haber estado agobiándote todos estos días, porque sé que has sufrido, porque sé también que sentiste apasionadamente esos besos que te di, y por eso al intentar negarlo sufres. Si, lo siento, pero no me arrepiento de haber probado tus labios. Michelle, sé que tu también sientes algo, aunque sea insignificante y ya he descubierto por qué me rechazas, porque me dejas a medias con esos magníficos besos, porqué me rehúyes cada vez que acudo a verte a recepción…- decía mirándome profundamente a los ojos.
-        ¿Ah si? ¿Por qué listo?- dije aparentando orgullo y enfado.
-        Aiiss Michelle- decía riéndose por mi cara- Muy sencillo. Tienes miedo.
-        ¿Yo? ¿Miedo? ¿De ti? Por favor no me hagas reír- le decía fríamente intentando disimular.
-        No Michelle, de mi no. Miedo a sufrir. Miedo a que te deje como los demás, miedo a que solo te quiera por tu físico y para hacerte mía.
No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo ha podido saberlo? Dios mío, aquellas palabras me dolieron. La verdad revelada por los demás duele más que nada. No tenía palabras para contestar bajé la cabeza avergonzada, triste. Enseguida noté como su mano soltaba mi muñeca e iba a parar a mi mentón, haciendo que alzara la cabeza y le mirara a los ojos.
-        Por favor, dime, ¿es eso cierto verdad? ¿Por qué mas cosas tienes miedo?- decía mirándome tiernamente intentando comprenderme.
-        Pues yo… yo… he sufrido mucho Marcos, he pasado por una larga historia de noviazgos, todos a pique. Como bien has dicho todos me querían para hacerme suya. ¿Tú sabes el dolor que se siente? ¿Te crees que me resulta fácil confiar ahora en algún hombre? Estoy hecha polvo Marcos, niego mis sentimientos porque creo que así es mejor, que asi no me volveré a enamorar y a sufrir. Pero mis intentos son nulos. Por más que lo niego más…- no sabía si era apropiado decir lo que tenía pensado.
-        Adelante sigue. Más…- me animó
-        Más… te deseo Marcos…- dije finalmente con la cabeza cabizbaja mientras una lágrima empezaba a nacer en mis ojos y pestañeando fuertemente lograba recorrer mi mejilla.
-        Michelle, cielo, no llores por favor- me decía levantándome la cabeza y limpiándome las lagrimas. Puedes confiar en mi. Si me das una oportunidad te demostrare que no soy de esa clase de tios que solo buscan lo que buscan. Lucharé por ti lo que haga falta ¿y sabes por qué?- preguntó mirándome a los ojos mas de cerca.
-        ¿Por… por qué?- dije mientras sorbí por la nariz y me limpiaba el resto de lágrimas.
-        Porque te quiero Michelle, porque me encantas desde la primera vez que te vi y te contraté. Eres una mujer hermosa, y no solo por fuera si no por tu gran corazón- dijo mientras su mano se apoyaba en mi pecho señalando mi corazón.
-        Marcos yo… yo… no sé que decir… Quiero arriesgarme, darte una oportunidad, pero en el fondo… sigo sintiendo miedo.
-        Haz caso a tu corazón, él te guiara por el camino correcto.
-        Pero y si…- no pude continuar pues su dedo se poso en mis labios a modo de silencio.
-        Sshh, no pienses en nada más. Dejate llevar por lo que tu corazón te diga…- me dijo finalmente susurrándome al oído.
Marcos se acercaba más a mí, poco a poco, sin dejar de mirarme. Yo miraba sus ojos, sus labios, mi corazón latía más deprisa de lo normal. Empezaba a sentir como mi bello se erizaba, como miles de corrientes eléctricas me recorrían todo el cuerpo. Hice caso a mi corazón por una vez, como Marcos me dijo. Y ahí estaba yo, a unos segundos de rozar de nuevo aquellos preciosos labios.
Ya no tenía miedo, sus besos me envolvían apasionadamente, uno tras otro. Nuestras lenguas jugaban, despacio, sin prisa, pero con mucha pasión en ambos. Yo apoyada en la puerta del cuarto y él en frente mía con sus manos en mi cintura y su boca junto a la mía. Era delicioso, no sé por qué me he resistido tanto. Mi jefe llevaba razón, debía intentar darle una oportunidad, además no se  le veía que fuera con mala intención.
                                                                               
Seguíamos besando, yo le correspondía con ganas y sin miedo por fin. El bajaba lentamente por mi mentón, hasta llegar a mi cuello, besándolo suavemente, sintiendo su respiración en mi oreja, subía hasta ella y aquello me hacía estremecer. Bajaba de nuevo por el cuello, mientras sus manos me acercaban más a él y hacían que arqueara la espalda hacía atrás. Cada vez estábamos mejor, nos dejábamos llevar, era alucinante. Mis manos envolvían su pelo, las suyas rodeaban mi cintura pero poco a poco bajaban a mi trasero acercándome más a él. En pocos segundos noté como intentaba desabrochar suavemente los botones de mi camisa. Aquello me hacía estremecer más aun. Logró dejarme en sujetador pero no iba a quedarme atrás. Empecé a quitarle la corbata y aquella camisa fieramente. La temperatura de nuestra piel iba aumentando, rebosábamos de pasión solo con el roce de nuestros cuerpos. Sus músculos eran perfectos, sus abdominales bien marcados pero tampoco mucho. Lentamente su mano desabrochaba mi falda hasta que está cayó deslizando por mis piernas hasta el suelo. Y ahí estaba yo, en medio de mi jefe solo con ropa interior. Tenía deseo de él y mientras seguíamos besándonos fieramente cada vez más deprisa le bajé los pantalones dejándole en bóxers. Admirable, realmente era magnifico para su edad. Aun con algo de ropa interior, podía notar su miembro rozando mis nalgas. Sus besos recorrían todo mi cuerpo, bajaban por mi escote donde encontraban aun un obstáculo, el pequeño sostén que me cubría y que no dudo en quitarlo en apenas cuestión de segundos. Sentía vergüenza, me sonrojaba ante él pero consiguió tranquilizarme suspirando de placer en el momento que saboreo mis pechos y los acarició dulcemente. Bajaba por mi tripa, hasta llegar a mi ombligo. Otro obstáculo, mis braguitas que también desaparecieron para acabar en el suelo junto con el resto de la ropa. Cada vez el placer rebosaba en nosotros, era alucinante la sensación que Marcos me transmitía. Con una sola mano logré bajarle los bóxers hasta dejarlos junto a mis braguitas, allí tirados. Mientras contemplaba su miembro perfecto, erecto, viendo como seguía rozando mis muslos. Aquello me producía miles de escalofríos, nuevas sensaciones que volvía a experimentar. Lentamente su mano bajaba por mi vientre hasta mi intimidad donde se paró para acariciarla suavemente introduciendo su índice en mí, haciendo que suspirara de placer y algún que otro gemido saliera de mi boca. Era fantástico, ahora me sentía cómoda. Cuando estaba a punto de llegar al clímax con su dedo dentro de mí, lo sacó. Le maldije con la mirada por aquello pero seguía igual de feliz. Ahora fui yo quien le di placer, bajando mi mano hasta su miembro erecto, subiendo y bajando como el vaivén de una ola a la orilla de la playa. Observé cómo sus ojos se ponían en blanco y aquello me hacía sentirme bien. Pero como él hizo, yo tampoco le deje llegar al orgasmo. También me puso cara de cordero degollado por aquello y mi sonrisa picara se grabó en su mente. Cerca, muy cerca, no podíamos más, estallábamos de deseo. Necesitábamos sentirnos, amarnos, lo había conseguido, sentía algo especial por mi jefe y ya nadie me impedía ocultarlo, ni si quiera mi mente. Fieramente el me alzó para que mis piernas rodearan su cintura, agarrándome por el trasero, entre la puerta y él. Colocándose correctamente para poder entrar en mí, sin parar de besarme. Y así fue, un dulce gemido cuando me penetró, mis ojos se ponían en blanco. A un ritmo acompasante nos movíamos una vez ya él dentro de mí. Ahora sí, le sentía mío, conectábamos, era algo especial.  Salvajemente, seguíamos moviéndonos, su miembro se movía en pequeños círculos dentro de mi. Una sensación placentera que en pocos minutos tuvo sus consecuencias: llegamos los dos al clímax.  El sudor empapaba nuestros cuerpos, la marca en la puerta del sudor de mi espalda dejaba huella de aquel magnifico momento. Salió de mi con cuidado a los pocos minutos. Me bajo al suelo y sin soltarme seguía abrazándome, mientras me susurraba al oído: “Eres magnifica, te quiero pequeña” Yo sonreía, le quería, le abrazaba más fuerte aun con nuestros cuerpos desnudos, cansados de aquel ajetreo.
-        Ha sido maravilloso Marcos, pero ahora… ahora te irás como todos, y me arrepentiré de haber hecho esto contigo….- dije bajito y agachando la cabeza.
-        Mi niña, no digas tonterías, hemos hecho caso a nuestro corazón. Jamás te dejaré ahora te necesito conmigo, a mi lado. Te quiero- me decía susurrándome casi al oído.
Esbocé una sonrisa y volví a besarle, un beso casto en sus deliciosos labios pero corto.
Se hacía tarde, así que con mucho esfuerzo tuvimos que separarnos y vestirnos, pues podíamos ser descubiertos. En pocos minutos nos vestimos sin separar nuestra mirada.  Y antes de salir yo primero por la puerta para dirigirme al baño, coger mis cosas y cambiarme el uniforme,  se despidió de mi con un dulce beso y un te quiero.